El neoliberalismo mata
Los teólogos antiliberales rara vez analizan la realidad de Venezuela o de Cuba
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En serio. Se acaba de celebrar un Congreso de Teología con este lema: «El neoliberalismo mata. ‘No podéis servir a Dios y al dinero’».

Como es sabido, el neoliberalismo es un invento de los antiliberales para poder seguir criticando al capitalismo sin llamarlo por su nombre. La caída del Muro de Berlín, en efecto, sumió a la izquierda en el desconcierto, porque parecía evidente el veredicto de los pueblos que habían padecido el socialismo real, a saber: si el capitalismo es malo, el anticapitalismo es mucho peor.

Entonces, esquivando el uso de la palabra capitalismo, arreciaron nuevas denominaciones, entre las cuales destacaron la globalización y el neoliberalismo, con el mismo objetivo de siempre: asustar a la gente con el coco de la libertad y el bulo del desmantelamiento del Estado.

Así, cuando los teólogos antiliberales hablan del malvado neoliberalismo quieren decir el capitalismo de toda la vida, o sea, de toda la muerte, pasando de puntillas sobre el anticapitalismo real. El manifiesto del Congreso asegura que el «neoliberalismo se caracteriza por la práctica de la necro-política, de la necroeconomía y de la necro-cultura, que decide quién debe vivir y quién puede morir». Como si el anticapitalismo se destacara por su esplendor político, su prosperidad económica, su ebullición cultural y su respeto a la vida.

Mientras declaman contra el «neoliberalismo sexual», nada menos, asociando el capitalismo con el patriarcado, como si el anticapitalismo fuera particularmente feminista, distorsionan al Papa Francisco, como si fuera un simple socialista más (lo he analizado, por ejemplo, aquí: https://bit.ly/2WzpThw).

Quizá la más notable simplificación es la famosa cita evangélica sobre Dios y el dinero (Mt 6, 24). Porque la imagen que siempre pretenden brindar los antiliberales es que el dinero es malo de por sí, cosa que Jesucristo no dice: lo que es malo es servir al dinero en lugar de a Dios. El dinero, el comercio, y su condición institucional, la propiedad privada, son buenos para Dios: no es casualidad que tantos mandamientos se dirijan a proteger la propiedad (puede verse: https://bit.ly/3mJrGen).

Inasequibles al desaliento, a la teoría y a la evidencia empírica, los teólogos antiliberales rara vez analizan la realidad de Venezuela o de Cuba, pero insisten en criticar al liberalismo desde la «opción por las personas y los colectivos más vulnerables», como si el antiliberalismo optara por ellos con peculiar esmero.