Para «proteger» al planeta Tierra
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Esta semana el Parlamento Europeo ha aprobado la enésima recomendación instando a todos los Estados miembros a someterse a la ideología de género. El redactado literal obviamente no reza así, pero su contenido material es exactamente ese. Por eso, ya no tiene argumentos razonables quien dude acerca de que hay una agenda globalista mundialista que tiene como objetivo innegociable la sumisión a los postulados de esa antinatural ideología.

El objetivo que se persigue aparece cada vez más claro para quien quiera ver y entender: el control y la reducción de la población mundial, considerada como un factor de desestabilización y riesgo para el desarrollo «sostenible» del planeta Tierra. La superpoblación es su objetivo auténtico en la medida en que dificulta la consecución de su propósito último de un gobierno mundial y único, pues un planeta poblado por 10.000 millones de personas, es más difícil de gobernar que si «sólo» tuviera 1.000 millones. Si además son pobres –que se reproducen más que los ricos– el coste se multiplica.

Al servicio de ese innegociable objetivo, la solución a la que todos los gobiernos deben someterse es la aplicación de la educación sexual integral de la ideología de género, que impide la familia natural que les dé la vida y les acoja; y el aborto y la eutanasia. La coartada para convencer a ingenuos y despistados –que haberlos, haylos– es el cambio climático, cuyas inclemencias harán sufrir a los numerosos pobres desfavorecidos, por lo que hay que eliminarlos como acto de compasión.