Renovables sí, pero no así

Lo que se plantea satura los territorios con proyectos de renovables a gran escala y líneas de alta tensión, y que eso resulta devastador para el paisaje y la biodiversidad

Empieza a haber un clamor contra la forma como se está llevando a cabo desde los poderes públicos la transformación energética en España. Se ha desatado en las empresas la fiebre por la energía eólica y fotovoltaica aprovechando la oportunidad del chorro de dinero que se espera de Europa. Parece que todo vale. No importa, o importa poco, arrasar los montes, amenazar la biodiversidad, destrozar el paisaje milenario y acabar de vaciar por completo las comarcas más deshabitadas del mundo rural, donde los escasos y envejecidos habitantes presentan menos resistencia al atropello. Esto está resultando escandaloso en las Tierras Altas de Soria, que fueron un día el centro de la Mesta.

Están bajo sospecha las extrañas alianzas que se observan entre políticos y empresarios a la hora de las concesiones. Se tiene la impresión de que en más de una ocasión se manejan oscuros intereses. Hay proyectos mastodónticos que acaban con un patrimonio de siglos y que se quieren aprobar deprisa y corriendo sin atender alegaciones razonables y dando la impresión de que todo está decidido bajo cuerda de antemano. Se necesita transparencia y sosiego, hacer la luz sobre este importante asunto y ahuyentar la sombra que ahora cubre el ambicioso programa de la transición energética. Da la impresión, como digo, de que esto es una avalancha destructora, una carrera desenfrenada por hacerse con los fondos europeos a cualquier coste.

La Alianza Energía y Territorio –ALIENTE–, un colectivo de ámbito estatal que cuenta con el apoyo de docenas de organizaciones y miles de personas particulares, ha convocado para el día 16 en Madrid una manifestación bajo el lema «Renovables, sí; pero no así». Lo que proponen es «una transición energética justa, basada en la generación renovable distribuida, el ahorro energético y el autoconsumo, una transición que ponga la defensa del territorio y su biodiversidad en el centro». Denuncian que lo que se plantea satura los territorios con proyectos de renovables a gran escala y líneas de alta tensión, y que eso resulta devastador para el paisaje y la biodiversidad. Lo peor es que esta devastación de comarcas indefensas, donde quedan aún restos de Naturaleza pura, incontaminada, de gran valor ecológico y económico, será irreparable cuando los gigantescos aerogeneradores se apoderen del monte, de las sierras y las colinas y cables de alta tensión crucen el aire de las aldeas y no quede ya lugar para el ser humano ni para los pájaros.