Yuste: entre Merkel y Sánchez

Fernando CalvoAP

Mientras en el Monasterio de Yuste, histórico lugar de retirada y muerte del Emperador Carlos –Rey Carlos I de España y V de Alemania– se celebraba un acto de esperanza en el futuro de una Europa «fuerte y unida» con la entrega a Angela Merkel del premio Carlomagno por parte del Rey, en el Congreso de los Diputados se vivía una jornada de división y enfrentamiento a cuenta de nuestro pasado. El proyecto de ley sobre lo que es democrático de nuestra memoria según la opinión de Sánchez, pasaba su primer trámite ante las diversas enmiendas de totalidad presentadas por unos pidiendo su devolución –PP y Vox– y de ERC reclamando una Historia deseable para ellos.

Angela Merkel expresaba su confianza en el futuro basado en la unidad como supuesto previo para la fortaleza que requiere Europa a fin de ser un interlocutor válido en el plano internacional. La experiencia reciente de la lamentable retirada de Afganistán ha evidenciado el papel marginal y secundario de la UE en el actual escenario mundial. Frente a una poderosa China, una emergente Rusia y una región indopacífica que se abre paso con fuerza, solo puede ser actor eficaz una Europa como la que pidió Merkel en Yuste, y por la que trabajó audaz e intensamente durante su largo mandato al frente de Alemania.

Eso pedía la Canciller alemana, y simultáneamente Pedro Sánchez contestaba con sus actos, que son exactamente lo contrario: división y enfrentamiento entre los españoles a cuenta de nuestro pasado. Una Guerra Civil que los que la perdieron –pese a haber sido quienes la provocaron con la infausta política de su Frente Popular a cargo de la República– pretenden ganarla más de ochenta años después.

Merkel es la adalid del futuro y Sánchez el del pretérito, con la diferencia de que Merkel ha aprendido del terrible pasado del nazismo de su patria, mientras Sánchez quiere reivindicar los peores hechos ocurridos con un Frente Popular que él ha resucitado en España. La Constitución de la Concordia, aprobada en 1978 por gran consenso de todo el arco parlamentario, es ahora enmendada de totalidad por su Ley de la Memoria obligatoria.

ERC con Heribert Barrera fue de los escasos votos que tuvo en contra la Constitución. Ahora defiende una enmienda a la totalidad de ese proyecto de ley que, de hecho, lo es a nuestra Carta Magna. Con Sánchez, sus socios y sus aliados parlamentarios, ésta jamás hubiera visto la luz. Nos quieren llevar a una III República, síntesis de las dos anteriores, que saben que significaría la desaparición de España de la forma que la conocemos desde antes del Emperador Carlos como una realidad nacional e histórica. Lo patético es que ese proyecto se impulse desde el Gobierno.