Internacional

Saab y la bala de plata

El supuesto testaferro de Maduro es un exponente del Estado mafioso en el que se ha convertido Venezuela. Su extradición a Estados Unidos envía un poderoso mensaje a las élites corruptas: la Justicia prevalece

Un hombre pasa frente a un cartel de apoyo al empresario colombo-venezolano Alex Saab hoy, en Caracas (Venezuela)
Un hombre pasa frente a un cartel de apoyo al empresario colombo-venezolano Alex Saab hoy, en Caracas (Venezuela) FOTO: MIGUEL GUTIÉRREZ EFE

Alex Saab planeó su viaje de Venezuela a Irán sin dejar un cabo suelto. O eso creía. El jet privado en el que viajaba solo repostaría en aeropuertos seguros. Países que no tuvieran un acuerdo de extradición con Estados Unidos. Cabo Verde fue el elegido. Pero se equivocó. Es lo que pasa cuando pesa sobre tí una ficha roja de búsqueda de Interpol. El oscuro empresario colombiano, contratista de Nicolás Maduro, fue detenido en la isla de Santiago frente a la costa africana en junio de 2020. El chavismo desplegó toda su artillería para evitar la extradición. Puso a su disposición un equipo legal liderado desde España por Baltasar Garzón, y le nombró representante ante la Unión Africana para tratar de otorgarle inmunidad diplomática. La defensa de Saab no pudo argumentar su inviolabilidad tras un agónico proceso. Dieciséis meses después, el empresario de 49 años, hizo el viaje inverso con destino a EE UU. La fiesta ha terminado para Saab. Se enfrenta a ocho cargos. Siete de blanqueo y uno de conspiración para cometer ese delito. Las autoridades judiciales calculan que le podrían caer entre 20 y 30 años de cárcel. Casi una vida. Si colabora, la pena podría reducirse a siete. ¿Tentador?

La Justicia estadounidense cree que Saab es una pieza clave para conocer cómo se ha financiado el régimen de Maduro y cómo se ha enriquecido su cúpula. El colombiano es una figura central en las relaciones del chavismo con Rusia, Irán o Turquía, y su comercio ilícito del oro. La madeja de la corrupción tejida por Saab empezó con Hugo Chávez (2011) y se sofisticó con Maduro tras la imposición de las sanciones. Saab es uno de los máximos exponentes del Estado mafioso en el que se ha convertido Venezuela. Representa el expolio de los recursos naturales (petróleo y oro), pero, también, el pillaje a costa del sufrimiento de un pueblo inocente. Los programas sociales de los que hacía bandera el chavismo eran tapaderas para desviar y blanquear dinero.

El entramado de empresas creado por el colombiano, más allá de propiciar su enriquecimiento personal, tenía como propósito ayudar al chavismo a obtener recursos y esquivar el sistema de sanciones. Una confesión aportaría a Estados Unidos y la Unión Europea datos valiosos para diseñar un castigo más focalizado y efectivo que aumentase la presión sobre el Gobierno venezolano. La corrupción y el narcotráfico se extienden como una mancha de aceite por todos los órganos del poder chavista. Maduro está acusado por Estados Unidos de tráfico de drogas. Dos de sus lugartenientes, Tareck El Aissami y Diosado Cabello, están detrás del Cártel de los Soles. No son los únicos. Unos 123 funcionarios o ex funcionarios del régimen estarían implicados en la organización criminal. La corrupción es trasversal y afecta a todos los niveles sin excepción. Va desde el poder militar, al judicial pasando por el municipal. Venezuela ocupa la posición 173, de un total de 180 países monotorizados, en el índice internacional de Transparencia y Percepción de la Corrupción.

La detención de Saab no pondrá fin a las actividades ilícitas sobre las que se asienta el régimen chavista. El portal Armando.info recuerda que el colombiano logró ser el contratista favorito de Maduro –sin las molestias de pasar por licitaciones– porque contó con la colaboración de decenas de personas. Sin ir más lejos, Alvaro Pulido Vargas, su socio principal, está en búsqueda y captura con una orden de Interpol. En cualquier caso, las reverberaciones de la detención de Saab son múltiples. El círculo íntimo de Maduro podría encerrarse más en sí mismo y descartar cualquier tentación de abandonar el poder, pero también podría servir para reactivar a la oposición democrática de cara a las elecciones del 16 de noviembre. Al sentar al empresario colombiano en el banquillo, EE UU envía un mensaje inequívoco a las élites corruptas: la Justicia prevalece. Saab podría ser una bala de plata para un régimen delincuente que ha sometido a un pueblo para beneficio de unos pocos.