Demasiados «Judas» en la mesa de ministros

Los líos son consecuencia de la debilidad del presidente y más pronto que tarde acaban afectándoles directamente

Juan Carlos HidalgoEFE

Hay cierta creencia que lleva a pensar que los presidentes del Gobierno dejan que se monten líos dentro de sus Gabinetes porque la división interna les da más fuerza. No es así. Los líos son consecuencia de la debilidad del presidente y más pronto que tarde acaban afectándoles directamente. Pedro Sánchez debería tomar nota de lo que le pasó a Mariano Rajoy con la pelea de gallos que dejó que creciera a su alrededor entre las dos aspirantes a «primera dama» de su equipo. Empiezan por multiplicarse las filtraciones interesadas, cada parte entra a manosear el nombre del presidente a su favor en los círculos en los que se mueve, surgen las disensiones que penalizan la acción del gobierno y, al final, Rajoy perdió hasta el control del congreso del PP con el que debía haber tutelado su caída.

Entre las dos «primeras damas» de Sánchez han dejado de guardarse las formas igual que ocurrió con las de Rajoy. Una de ellas ha sido hasta ahora más discreta y contenida, pero las señales de la guerra están ya en boca de patronal y sindicatos, que asisten con la misma estupefacción al pulso que hay entre las dos vicepresidentas, en una disputa en la que se cruzan mensajes y órdenes contradictoras, y ataques personales que dibujan la imagen de un Consejo de Ministros débil y dividido.

Los hombres del presidente pueden esforzarse en apretar a los «mensajeros» para que ajusten sus redacciones a la línea informativa supuestamente correcta, que es la que predican ellos, por supuesto, pero tienen poco que hacer cuando desde dentro del Gabinete que preside su jefe salen los titulares que tanto les molestan.

El Gobierno de coalición ha sido siempre una gran mentira política. Empezó con la firma de un programa que los dos socios sabían que no podía cumplirse. Fundamentó la acción en una competición en la que la parte morada ha ganado a la parte socialista todas las zancadillas que buscaban apropiarse de los méritos. Sánchez y Pablo Iglesias nunca se fiaron el uno del otro ni fueron capaces de construir una relación con un mínimo sentido de Estado antepuesto al sentido de partido. Y los ministros socialistas no se fían de la delegación de Unidas Podemos y prefieren antes hablar en privado con Sánchez que en un Consejo de Ministros lleno de «Judas». Y con estos bueyes nos presentamos en Bruselas.