España

Líderes de transición

Tomás Gómez

La crisis de 2008 fue la transición hacia un nuevo ciclo económico y político. Después del inicio del siglo XXI, con un crecimiento económico del 4% y techo de empleo en el año 2007, todo se vino abajo y pasamos a ser uno de los países con más apuros y riesgo de necesitar la temida intervención de Bruselas.

Se llevó por delante a toda una generación de políticos que fueron considerados la parte visible del sistema y responsables de la ruina que cayó sobre las familias.

Han ido surgiendo líderes coyunturales, en los nuevos partidos, como Podemos o Ciudadanos, que tenían como bandera la lapidación de todo lo anterior, o en los clásicos PSOE y PP, que han intentado sobrevivir al tsunami.

La fragmentación electoral es la muestra de que la sociedad española anda en busca de un partido, de una idea y de un líder al que seguir. Pero, los dirigentes de los principales partidos están enzarzados en una feroz batalla por ocupar el poder.

La pandemia junto a la crisis económica que nos viene dará por terminado este periodo de cambio y a unos líderes de transición que han alimentado el frentismo político.

Las noticias sobre la Covid-19 son inquietantes. Aunque en España la incidencia es pequeña, los rebrotes en algunos países europeos y el hecho de que la hermética China haya reconocido un repunte en los casos, impide ver el futuro con optimismo.

Por otra parte, los recortes en el crecimiento económico y la aparición de una inflación desconocida desde hace décadas, aventuran graves turbulencias económicas.

Con un mapa de coyuntura semejante, es evidente que se necesita algo más que titulares ingeniosos y marketing político. Se necesita gente en la que confiar y la crisis del gobierno de coalición inspira lo contrario.

Saldrá peor parado Sánchez, que supo esconderse camaleónicamente detrás de Pablo Iglesias, en sus primeros años al frente del gobierno, al de Podemos le pudo el exceso de vanidad y de protagonismo y terminó siendo el saco al que golpear.

Sin embargo, con Yolanda Díaz las cosas han cambiado. Cada roce en el gobierno hace que parte del electorado de izquierdas se aleje del PSOE, al mismo tiempo que también lo hace el electorado más centrado, esencialmente más pragmático, huye de las coaliciones y de la inseguridad que generan.

La consecuencia es que Sánchez gana una papeleta diaria para perder el gobierno en las próximas elecciones.

Tampoco es que Casado esté para tirar cohetes. Su obsesión por evitar un fuerte liderazgo en Madrid le lleva a la contienda pública con Díaz Ayuso. Los estrategas de Génova, encabezados por el campeón murciano de lanzamiento de huesos de aceituna, son incapaces de entender que la presidenta madrileña representa un riesgo en tanto tenga una mejor valoración que Casado y eso no depende de tener un sillón en la sede popular, sino de cómo le vaya en la Puerta del Sol.

Mientras unos y otros están ocupados en el duelo por el poder, la crisis barrerá a todos ellos del mapa.