Los niños de Canet

La última ocurrencia de los radicales independentistas ha sido proponer una huelga general en defensa del catalán

FOTO: Alejandro García EFE

Los transportistas, amenazando con ponerse en huelga. Los peluqueros, en la calle, peleando por la bajada del IVA. Los ganaderos, tres cuartos de lo mismo. ¡Ya lo que nos faltaba en 2021 era una huelga de juguetes! Pues aquí la tenemos. Todo sea por arrinconar la publicidad sexista desde el mismo momento en el que empezamos a tener conciencia, a ser educados en sociedad. Es cierto que jugar no tiene género, y no dudo de la buena fe de la iniciativa, aunque sí del precio abultado del spot del ministerio de Alberto Garzón: más de 80.000 eurazos ha costado. ¿No te parece un despropósito, con la que está cayendo? Ya puestos, podrían haber contratado a los creativos de Campofrío, que suelen emocionarnos y dejan huella positiva en todas las franjas de edad.

Por supuesto que los niños tienen derecho a jugar con el chisme que quieran, sin vergüenzas. Pero sobre todo, los niños de este país tienen derecho a ser vacunados lo antes posible, ahora que ya hemos entrado de facto en el riesgo extremo por COVID. Y del mismo modo, nuestros pequeños deberían poder recibir clases en castellano desde la más tierna infancia, independientemente de dónde residan. Eso no está pasando en la etapa de preescolar, en Cataluña.

Pobre familia de Canet de Mar pidiendo, desde el anonimato, por puro miedo, que el 25% de las clases que recibe su hijo de 5 años sean en castellano. Han tenido que escuchar estos días todo tipo de insultos, leer en las redes sociales cómo un docente separatista llamaba a lanzar piedras a su casa castellanohablante, o cómo un mosso pedía que se le hiciera el vacío al menor en su aula. El último capítulo bochornoso lo ha protagonizado el consejero catalán de Educación con su visita al colegio del niño, negándose a expresarse en castellano ante las cámaras, alentando las protestas de esos que no conocen otro lenguaje que el de la intolerancia y el odio. Esta familia, igual que muchas otras, desde hace décadas, sufren maltrato ideológico, propio de regímenes totalitarios. Lógico y oportuno que estos acosados de Canet pidan ahora protección judicial.

La última ocurrencia de los radicales independentistas ha sido proponer una huelga general en defensa del catalán. En defensa de un idioma que, repito, se usa en los centros catalanes desde la más tierna infancia, en detrimento del castellano.

Por si fuera poco, los de ERC siguen a lo suyo, poniendo trabas a los presupuestos en el Senado para que la ley audiovisual fije cuotas al catalán en plataformas como Netflix, aludiendo a la «marginación de su idioma» en esos espacios. «Tocarle las narices a ERC con esto es un mal negocio», ha avisado Gabriel Rufián. Una vez más queda claro quiénes llevan la batuta en este país, por si al PSOE se le había olvidado.