Garamendi, marqués de la Sumisión

A nadie le sorprenderá que el dócil Garamendi se haya convertido en un ministro más del Gobierno socialista comunista, aunque con la ventaja de que sale gratis

FOTO: J.J.Guillen EFE

El Gobierno está muy contento con la rendición de la CEOE en la reforma laboral. Es verdad que era algo previsible conociendo la sumisión de Antonio Garamendi a Yolanda Díaz, pero existía un tenue atisbo de esperanza. No ha sido así. Se ha rendido con armas y bagajes a la vicepresidenta, que cosecha un nuevo éxito con la humillación de los empresarios.

Tras la bendición de Francisco, que le servirá para contar con el apoyo de los medios de comunicación y los periodistas clericales, solo le faltaba someter a la patronal. Hay que reconocer que no ha tenido que esforzarse.

A nadie le sorprenderá que el dócil Garamendi se haya convertido en un ministro más del Gobierno socialista comunista, aunque con la ventaja de que sale gratis y no le pagan nómina directamente. La única duda es saber si Sánchez le otorgará la gran cruz de Carlos III cuando deje de ser ministro porque el PP gane las elecciones. Hay que reconocer que méritos no le faltan e incluso podría ser recompensado con el título de marqués de la Sumisión.

He conocido la CEOE de los tiempos del prematuramente desaparecido Carlos Ferrer Salat, que era un empresario excepcional y una gran persona. Con Garamendi se ha convertido en un apéndice de la burocracia gubernamental. Ni siquiera de la Administración General del Estado. Ferrer Salat jamás hubiera permitido que la Patronal se humillara, porque tenía muy claro que la dignidad no tiene precio.

La diferencia es que era un empresario que se jugaba su dinero y Garamendi es un ejecutivo con negocietes y muchas ganas de ser admitido en la elite de Neguri, aunque hay que reconocer que tuvo el acierto de enlazar con la burguesía ennoblecida.

Lo que más le gusta al presidente de la CEOE es tratarse con los poderosos, asistir a actos y ver su foto en los periódicos. Me llevé una gran sorpresa cuando supe que cobraba un sueldo por presidir la patronal y recordé a mi amigo Ferrer Salat. Es la diferencia entre un empresario, que no necesita una nómina de la CEOE, y un ejecutivo que la necesita. Al final, se ha convertido en un ministro más a las órdenes de Sánchez, pero sobre todo de Yolanda Díaz que es la gran triunfadora.