Casado ya no teme a Ayuso

Tomás Gómez

La decisión de Génova de transigir con Díaz Ayuso como presidenta del PP de Madrid es un claro indicador de que a Casado le van bien las cosas. Hasta el momento, se aferraba al control orgánico porque tenía escasa confianza en sus posibilidades. Por eso, la arrolladora victoria de la madrileña el 4-M la convirtió en un adversario a batir. Pero Sánchez hizo lo no previsto, se deshizo de su guardia pretoriana, Redondo, Ábalos y Calvo, y empezó a ir cuesta abajo. Ahora, con el viento soplando a favor en Castilla y León y con excelentes expectativas en Andalucía, las cosas han cambiado: Casado no teme a Ayuso y Sánchez le mira receloso.

En política todo puede cambiar rápidamente, pero la tendencia en los últimos meses apunta a cambios y eso no es solamente el problema de Sánchez, también lo es de los presidentes autonómicos y alcaldes.

El calendario electoral es clave. Ir a elecciones locales antes o después de las generales podría dar gobiernos regionales y municipales muy diferentes.

Con Ciudadanos fuera del tablero, el pastel se lo reparten entre los dos grandes, Podemos y Vox. Iniciar una campaña de miedo a la extrema derecha en lugar de combatirla puede tener efectos contrarios a los deseados y hacerla en torno a la gestión, en un contexto de subida del precio de la luz, de inflación y sus consecuencias en materia de tipos de interés y empleo, tendría poca rentabilidad.

Si a esto le añadimos el cóctel de los socios independentistas y las crisis en el seno del Gobierno, se puede decir que, o bien hay un golpe de timón o el horizonte electoral para el PSOE es muy complicado. Claro, que para rectificar, lo primero es asumir el error, cosa que no va con Pedro Sánchez.