Cuando afloran las contradicciones

«Que el presidente tenga ministros que defiendan la posición contraria a la del Gobierno adquiere categoría de vodevil»

Vicente Vallés

No estamos en una legislatura corriente. No lo es un gobierno nacional de coalición (de hecho, es el primero desde la Segunda República). Tampoco es corriente que exista una oposición dividida en tres partidos (PP, Vox y Ciudadanos). Ni, mucho menos, que el presidente del Gobierno tenga ministros que defiendan la posición contraria a la que establece el propio Gobierno, lo que adquiere categoría de vodevil.

Y, como consecuencia, asistimos a la peculiaridad de que esos tres partidos de la oposición sean los que salgan al rescate de Pedro Sánchez cuando se trata de atender a un asunto de Estado, y le protejan de la presión que ejercen algunos de sus compañeros en el Consejo de Ministros (y quien, desde fuera, habla por ellos y les ordena lo que tienen que hacer).

Así, Sánchez sabe que, si la situación se le va de las manos con los independentistas catalanes, Podemos se unirá a los partidarios de la autodeterminación, pero la oposición estará de su lado. Ya ha ocurrido cuando sus compañeros de coalición y sus socios parlamentarios han tratado de dañar a la Monarquía desde las Cortes Generales. Y ocurre ahora, cuando la mayoría de los partidos que sostienen a Sánchez están en contra de que España colabore con sus aliados de la OTAN.

Esa postura tiene la lógica de la diversidad ideológica propia de una democracia (al contrario de lo que pasa en la Rusia que algunos admiran, por cierto). Ocurre, sin embargo, que tales posiciones no son una novedad y, por tanto, el presidente del Gobierno sabía a quién metía en su gabinete cuando firmó el pacto de coalición hace poco más de dos años. Conforme pasa el tiempo, se acercan procesos electorales y, como consecuencia, el entusiasmo de los coaligados por estar unidos tiende a decaer, las contradicciones afloran con mayor intensidad. Y, si esto es un problema en clave de política interna, aún peor resulta en política exterior. Imaginen los informes que las embajadas en Madrid deben estar enviando estos días a sus países sobre la postura de los dos socios que conforman el Gobierno a propósito del conflicto con Rusia. Mejor no leerlos.