Economía

El automóvil en crisis

Muchos prefieren no ver ni oír y ser mudos. Pero la crisis del automóvil requiere respuestas urgentes

A nadie debiera sorprender que los coches más vendidos sean los de ocasión. En España, cada vez más y cada día más caros. Más aún, los precios de los más antiguos son los que más están subiendo. En esto cuentan muchos factores, por supuesto. Está, por una parte, el empobrecimiento relativo de los consumidores menos pudientes. También cuenta la dificultad de acceso a los vehículos recién salidos de fábrica debido a una severa restricción de la oferta por el desabastecimiento de semiconductores en las factorías. Pero lo que quizás es más relevante es la incertidumbre tecnológica que pesa sobre la industria. Los poderes públicos, ávidos de virtud ecológica, han proscrito los coches alimentados por gasolina o gasóleo y han determinado su apuesta por una única tecnología basada en la electricidad almacenada en baterías. Y esto, de momento, tiene resultados poco apetecibles para la mayor parte de los compradores que se dirigen al mercado. Por una parte, se les ofrecen productos muy caros, sólo asequibles para quienes reciben rentas elevadas. Por otra, esos productos presentan limitaciones no deseables en cuanto a las distancias que pueden recorrerse hasta el agotamiento de las baterías. La recarga de éstas es, además, problemática porque falta aún mucha infraestructura. Y a todo esto se añade la incertidumbre sobre en qué tecnología se asentará el coche del futuro, pues, aunque la tracción eléctrica parece incuestionable por su mayor eficiencia energética, las que no están claras son las fuentes de alimentación que la propulsarán.

Entretanto, los problemas se acumulan en la industria automovilística, pues a la escasez de microchips se añade la de las tierras raras –principalmente el litio– necesarias para la fabricación de baterías y componentes. La Comisión Europea –que va a remolque de los acontecimientos– acaba de anunciar un plan de 12.000 millones para lo primero, al parecer renunciando al axioma de la exclusión de la política industrial. Bienvenida sea porque la desindustrialización ha sido desacreditada por la crisis post-covid. Pero lo del litio son palabras mayores porque su minería pone en cuestión todos los tópicos ecologistas. En España sabemos mucho de esto aunque no llame la atención. Muchos prefieren no ver ni oír y ser mudos. Pero la crisis del automóvil requiere respuestas urgentes.