España

Elecciones en diciembre

Tomás Gómez

Hemos cerrado el mes de marzo con un nuevo récord de los precios de la luz y una inflación que no se recordaba desde los años ochenta. Eso quiere decir que los españoles somos más pobres hoy que hace un par de meses.

No parece que la inflación vaya a controlarse en las próximas semanas y, cuando deje de crecer a este ritmo, se situará por encima de la media europea. El gasto público crecerá para hacer frente a sus compromisos y los sindicatos reclamarán a la patronal subidas salariales que impidan la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

Los tipos de interés subirán y eso tendrá su efecto sobre el consumo y la inversión. En resumen, lo que se espera son dificultades para las pymes, conflictividad laboral y un nuevo golpe para los pensionistas.

Los asesores de Pedro Sánchez han cometido un error de principiante, preparar la comparecencia parlamentaria, en la que la «excepción ibérica» en materia energética debería haber sido la estrella, el mismo día que se conoce el peor dato de inflación desde 1985, es hacerle el trabajo a la oposición. Merecen un despido procedente.

Del resto de la sesión parlamentaria, la única idea que ha quedado fijada es que el Gobierno está fracturado en dos partes prácticamente en todo y que la oposición no está dispuesta a dar un respiro al Ejecutivo. En cuanto a los socios parlamentarios de Sánchez, son una incógnita, nunca se sabe que van a votar en las cosas importantes.

La situación es más comprometida de lo que piensan y si la sociedad no ve una hoja de ruta y un punto de llegada, todo el malestar puede cristalizar en grandes movilizaciones en las calles.

Si las elecciones se celebran dentro de año y medio, tal como ha prometido Sánchez, al PSOE le irá mal. La coyuntura económica con la que llegaremos será mala o muy mala, el desgaste del gobierno elevado y la ansiada presidencia europea no aportará nada en el activo electoral socialista.

Conociendo la firmeza de la palabra del líder socialista, lo más probable es que cambie los planes y convoque elecciones en septiembre, que tendrán lugar en diciembre. Sánchez querrá coger a los podemistas en medio de su guerra civil particular y a Feijóo con el pie cambiado.

Sueña con exhibir una flamante victoria electoral en la presidencia española de turno de la UE. Esta vez le hace falta algo más que baraka.