El triángulo de las Bermudas del PP

Ha dado tantas vueltas el PP que hasta sentar la cabeza puede parecer otra nueva ocurrencia.

Chapu Apaolaza

Notas del 4 de abril. Los que decían que Rusia invadía sin querer matar demasiado, que eran los que decían que Ucrania estaba hasta arriba de Nazis, que eran los que decían que la OTAN era la mala de la película, que eran los que decían que ni Biden ni el asedio de Mariupol, que eran los que decían que Putin tenía sus razones, que eran estos hijos de Putin, van ahora jurando que la masacre de Bucha es un montaje de Zelenski. Fosas con cadáveres desmadejados a medio enterrar, el anciano tiroteado con las llaves de casa en la mano, las mujeres violadas, los fusilados con las manos atadas son, según ellos, una invención. Se lo han hecho ellos mismos con los nervios. ¿Sabes cuando a alguien limpiando la escopeta se le escapa un tiro y con tan mala suerte resulta que hay una bala en la recámara y le pega a otro, y lo mata? Lo de Bucha ha sido así, 400 veces.

En España las guerra son florales, pero hace un frío horroroso. En Génova 13 han puesto un telesilla. En la séptima planta, Núñez Feijóo ha sacado el fondo de armario del marianismo. Ahora andan en lo de la moderación, la responsabilidad de Estado y la gestión. Giran y giran en el centro, como una peonza.

La cartografía inexplicable del triángulo de las Bermudas del PP viene dada por la distancia relativa de Génova hasta Isabel Díaz Ayuso, hasta Vox y hasta Sánchez. Si mides lo que va de cada uno de ellos hasta la presidencia de los populares, ahí más o menos es donde va a estar Núñez Feijoo. El problema de la política es cuando la posición de uno depende de la de otros, porque los otros se mueven y ya no sabe uno donde está, si en el viejo nuevo PP o en el nuevo viejo PP. Ha dado tantas vueltas el PP que hasta sentar la cabeza puede parecer otra nueva ocurrencia.