El declive de Sánchez y el nuevo PP

«Feijóo tiene una trayectoria impecable en todos los terrenos, algo que inquieta al inquilino de La Moncloa»

Francisco Marhuenda

Es verdad que Pedro Sánchez tiene una resistencia sin parangón. Ha sido capaz de superar numerosos contratiempos, tanto en el liderazgo del PSOE como al frente del Gobierno. Por tanto, siempre ha sido un error menospreciarle o darlo por amortizado. Es algo que ha hecho el centro derecha, tanto político como mediático, y le ha ido muy mal. No hay duda de que se crece ante la adversidad y tiene, además, la proyección mediática y la fuerza propagandística que ofrece ocupar la Moncloa. La vida me ha enseñado que no hay enemigo pequeño, por lo que es bueno guardarse las espaldas. Sánchez ha dejado un gran número de enemigos y rivales por el camino. Todos cometieron el mismo error. No hay más que ver dónde están, entre otros, Susana Díaz, Mariano Rajoy, Albert Rivera, Pablo Iglesias o Pablo Casado. No hace tanto era el «okupa» de La Moncloa y hace ya tiempo es el inquilino de pleno derecho. Es bueno recordar que hay partido, aunque la llegada de Feijóo le ha complicado, y mucho, el panorama.

Sánchez se sentía muy cómodo con Casado, al que ninguneaba constantemente y sacaba de sus casillas. La relación personal no podía ser peor. No es ningún secreto que esperaba desembarazarse de Ayuso y que se mantuviera como líder el anterior presidente del PP. Han pasado unos días y parece una eternidad. Es una de las características de la política, pero también de estos tiempos acelerados que nos toca vivir. Al final ha sido un paréntesis y se ha restablecido la línea temporal, porque Feijóo es, por edad y trayectoria, un sucesor generacional de Rajoy como éste lo era de Aznar. Se ha puesto punto final a esa idea que se había extendido de que lo normal es que el partido tenga unas Nuevas Generaciones y no al revés. La ruptura con el pasado era demasiado abrupta para un partido conservador mientras que en la izquierda se lleva con más normalidad. Feijóo y Moreno Bonilla nunca se sintieron cómodos con Casado. Es bueno recordar el pulso por la presidencia del PP de Sevilla que se saldó con una innecesaria humillación al presidente de la Junta de Andalucía. Cuando llegó el momento pasaron factura a Casado imponiendo su defenestración inmisericorde, aunque le dejaron despedirse en el Congreso extraordinario de Sevilla.

La reunión entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición fue cordial, no hay la antipatía mutua que existía con su antecesor, pero no sirvió de nada. Era lo previsible. Es bueno tener muy presente que ha comenzado la etapa preelectoral, que resulta tan larga como tediosa, hasta las generales. Los pactos serán muy difíciles, aunque es más que probable que se resuelva la renovación del CGPJ. Sánchez se juega la reelección y sabe que el nuevo PP de Feijóo, continuidad del que había en 2018 con algunos retoques, como es lógico, es un hueso duro de roer. La expectativa que se ha despertado, comienza a recogerse en las encuestas y pinta un panorama sombrío y un partido muy duro. El líder socialista sigue insistiendo en que el entendimiento con el líder del PP es posible, pero le exige que rechace a Vox y condene la corrupción. La verdad es demagogia para consumo interno, porque no se puede tomar en serio.

Sánchez tiene, desgraciadamente, los socios menos recomendables de la política española. Es la colección más siniestra que ha tenido nunca ningún presidente del Gobierno. Por tanto, quien ha formado una coalición con los comunistas y antisistema de Podemos y se apoya parlamentariamente con independentistas y los herederos de ETA no puede exigir nada o dar lecciones de ética política. Es verdad que no tuvo otra salida, salvo concurrir a unas terceras elecciones, porque ni Rivera ni Casado quisieron ayudarle. España no es Alemania u otros países de la UE. Aquí no caben coaliciones de centro. Lo de condenar la corrupción es realmente hilarante, porque el PSOE no puede dar lecciones en esta materia. Su historia no le avala para ser un referente de lucha contra la corrupción. Actualmente siguen saliendo escándalos vinculados a dirigentes socialistas o de la UGT. El PP pagó muy caro Gürtel y es muy poco serio insistir en ello aprovechando una sentencia sobre un caso que se produjo en tiempos de Aznar y Rajoy.

Feijóo tiene una trayectoria impecable en todos los terrenos, algo que inquieta al inquilino de La Moncloa. No tiene nada que ver con los escándalos del pasado y ha demostrado en todos los cargos que ha ocupado que es un gestor eficaz. Su experiencia contrasta con la que tenía Sánchez al ocupar la presidencia del Gobierno y es algo que gusta mucho al votante del centro derecha. Es lo que dio la victoria a Aznar y Rajoy, porque la inexperiencia le produce inseguridad. No es difícil imaginarle en La Moncloa y su experiencia es tanto en el ámbito autonómico como en la Administración General del Estado. Vox tiene también un problema a medio plazo, porque el PP se ha unido alrededor de un proyecto y la figura más destacada, que no provoca celos en el nuevo presidente, es Isabel Díaz Ayuso, una fiel y eficaz aliada en el objetivo de conseguir La Moncloa. Feijóo no cometerá los errores de su antecesor, porque sabe cuál es el camino de la victoria. No es dedicarse a estériles batallas internas, sino poner en marcha el partido para ganar las andaluzas y luego las municipales y autonómicas como antesala de las generales. Por ello, se está rodeando del equipo que necesita para conseguirlo.

Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).