Vuelve nuestra Semana Santa a las calles

Jorge Fernández Díaz

La Semana Santa ya «ha vuelto» a España, tras dos años de dolorida ausencia del espacio público por la pandemia. Lo hizo reapareciendo ayer Domingo de Ramos a lo largo y ancho de nuestra geografía con sus procesiones, hermandades y cofradías que, con sus tallas y pasos, túnicas, capirotes, cirios, bandas de música y uniformes, constituyen una expresión tan genuina como extraordinaria de devoción popular y de nuestras raíces cristianas.

En estos tiempos tan descristianizados y de ya no silenciosa apostasía en Europa, la otrora Cristiandad, es reconfortante comprobar cómo en la antigua Hispania romana ese «eclipse de Dios» de momento es «sólo» parcial y no total. Pueblos hispanos que evangelizara nada menos que el apóstol Santiago el Mayor, con ánimos recobrados gracias a la Virgen del Pilar, que le visitó para fortalecerle en Zaragoza a orillas del Ebro el 2 de enero del año 40. Vieja Europa asolada durante la primera mitad del siglo pasado por dos guerras que acabarían siendo mundiales, y que ahora en su zona oriental se encuentra inmersa en una contienda entre dos estados cuyos pueblos fueron hermanados por el bautismo cristiano masivo, llevado a cabo en el río Dnieper a su paso por Kiev a instancias del Príncipe Vladimiro en el acto fundacional de la Rus de Kiev hace más de mil años, en el 988.

Para acabar con la primera Gran Guerra, la de 1914, vino también Ella a la aldea portuguesa de Fátima en 1917 advirtiendo a la humanidad que «las guerras son consecuencia de los pecados de los hombres» y que, aunque ese conflicto de 1914 «acabaría pronto» (como así fue, pues terminó el año siguiente), si no había conversión «vendría otra guerra mayor», profetizando la Segunda Guerra Mundial.

Ahora el Papa Francisco ha apelado a esa gracia prometida por Dios en Fátima a través de Su Madre para pedir por su intercesión que acabe la actual guerra en Ucrania efectuando el pasado 25 de marzo la Consagración solicitada. Los requisitos formales parecen haber sido cumplidos, por lo que hay base sólida para la esperanza.

La normalidad recuperada con esta Semana Santa que hoy comienza, es una magnífica ocasión para «hacerla nuestra», y conseguir una «tregua de Pascua» en los combates. Así lo pidió Francisco ayer durante la solemne celebración de la misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro del Vaticano, recuperando también la normalidad con la solemnidad propia de este tiempo pascual y la gran afluencia de fieles.