El primer éxito de Putin

Los crímenes de Bucha han concienciado a los finlandeses de la naturaleza de la amenaza

FOTO: Franck Robichon AP

La guerra de Putin en Ucrania ha puesto fin a la era posterior de la Guerra Fría y ha trastocado el orden mundial de los últimos 70 años. Europa y EE UU han tenido que despertar de unas décadas de vacaciones en la historia para tomar decisiones valientes encaminadas a garantizar la seguridad colectiva. Finlandia dio ayer un paso al frente. Sus jefes de Estado y de Gobierno respaldaron «sin demoras» la membresía del país en la OTAN. La adhesión a la organización militar más grande del planeta se podría completar a finales de este año o principios de 2023. Finlandia rompe su tradicional política de no alineación militar para responder al nuevo mundo surgido tras la invasión ilegal e irresponsable de Rusia. Es el primer cambio geoestratégico de calado que se produce tras la agresión. El rápido giro finlandés probablemente impulse a la vecina Suecia a seguir su estela.

Putin justificó la intervención en Ucrania por la amenaza que supone para su seguridad nacional la expansión de la OTAN hacia sus fronteras. Repitió su mantra este lunes en la Plaza Roja en un discurso que sonó más a reproche que a victoria. A estas alturas hay poca discusión de que estamos ante un líder megalómano convencido de que su misión histórica es restaurar la gloria del imperio ruso. La rehabilitación de Rusia como gran potencia pasa en gran medida por la recuperación de la vieja política moscovita de construir un amortiguador de Estados subordinados en su entorno. El ex secretario de Defensa de EE UU con George W. Bush y Barack Obama, el conservador Robert Gates aseguró en un artículo en «Financial Times» que la aceptación de Putin de esta estrategia se había observado en sus recientes acciones en Bielorrusia, Moldavia, Transnistria, Georgia o Kazajistán. Ucrania ha sido el colofón. El jefe del Kremlin entró con los tanques porque quería evitar la cristalización de un país occidental y europeo con una relación de seguridad cada vez más estrecha con la OTAN, aunque no fuera necesariamente un Estado miembro de pleno derecho.

Pues bien, casi 80 días después de ordenar el conflicto armado, Rusia se topa con un vecino que pone en marcha por la vía de urgencia la solicitud de adhesión a la Alianza Atlántica. Y no es un vecino cualquiera. Finlandia comparte con Rusia una frontera de 1.340 kilómetros. La invasión de Ucrania encendió las alarmas en Helsinki. Finlandia ya se ha enfrentado en el pasado al zarpazo del oso ruso. La escalada bélica en Ucrania ha demostrado que Putin actúa como un señor de la guerra del siglo XIX sin contrapesos y que está dispuesto a utilizar la fuerza bruta para conseguir sus objetivos dentro y fuera de casa. Los crímenes de guerra en Bucha y Borondyanka, la política de tierra quemada en Mariupol o el sometimiento de las zonas ocupadas en Donetsk y Luganks han concienciado a los finlandeses sobre la naturaleza de la amenaza rusa y la necesidad de reforzar su seguridad nacional integrándose en la mayor organización militar.

Putin quería contener la OTAN, pero lo que ha conseguido es galvanizarla. Tras el fiasco de la primera fase de la guerra con el intento de tomar Kyiv y provocar una caída del Gobierno pro democrático de Volodimir Zelenski, el jefe del Kremlin puede exhibir la solicitud de Finlandia como su primer éxito militar.