Ladridos

Los expertos nos lanzan, además, la alerta ante el escandaloso descenso de la edad de los implicados: víctimas y verdugos

FOTO: A.Pérez Europa Press

Lamentablemente para su persona, el rey emérito no tiene posibilidad alguna –tampoco su hijo el actual Jefe del Estado– de salir en defensa propia defendiéndose de los ladridos de un amplio sector de la izquierda que también han sonado desde gargantas que se acomodan en el propio Consejo de Ministros. Juan Carlos I no puede vociferar en el atril de acalorados mítines, ni prodigarse en tertulias, ni convocar ruedas de prensa en día de diario o estratégico festivo para responder por ejemplo a todo un ministro del Gobierno de España, el caballero de los chuletones de Kobe y príncipe devorador del jamón bellota pata negra en la feria de Sevilla Alberto Garzón, tras sus indignas afirmaciones señalando como «ladrón y reconocido delincuente» a quien tanto hizo para que él y su hoy residual partido puedan campar en un país pleno de libertades y derechos.

Lo del ministro de Consumo, empeñado en convertir una cartera ya de por sí «maría» que financiamos los sufridos contribuyentes en ventilador de repugnantes ocurrencias, tal vez sea la máxima expresión elevada a caricatura, de una parte de la izquierda que ya hace tiempo rompió con la reconciliación trabajada en la transición por sus padres comunistas y socialistas, para entregarse a un revanchismo ruin que solo obedece a las ansias por acabar con la monarquía constitucional. Es la alternativa a la ausencia de discurso frente a los problemas reales de los ciudadanos, máxime en un delicado momento político en el que asoman por el horizonte citas clave con las urnas y se trata de movilizar a la parroquia más «cafetera» ahora especialmente desmovilizada.

Los «intelectuales» ataques hacia la figura del rey emérito –por cierto, sin reflejo en la calle– no pasan del triple mantra que ya suena a repetitivo chiste de cuñado. Pedir explicaciones públicas a un ciudadano sobre el que no pesa causa judicial ni condena alguna parece de todo menos democrático. Pedir la revisión de la inviolabilidad real es ignorar que todo jefe de estado occidental, sea rey o presidente de república, también la tiene como es de lógica…eso sí, cuando se habla de revisar aforamientos parlamentarios parece más adecuado silbar y mirar hacia arriba y hacer demagogia con que un jefe de estado debe emanar de la voluntad popular en las urnas es sencillamente ignorar la evidencia del referéndum constitucional en el que libremente los españoles elegimos mayoritariamente la monarquía parlamentaria. En su vida privada ciertamente cometió errores, pero los ladridos evidencian que la jauría ansía algo más.