La cerilla más peligrosa

Teñir el fuego de color ideológico, como intentan unos y otros, huele a cuento viejo

Javier Ors

España lleva un mes que parece una hoguera de San Juan y el politiquerío autonómico, muy enlevitado de argumentos y primado de razones, viene ahora con la monserga de que la culpa de los incendios es del nuevo ecologismo, una iniciativa que tiene en nuestro país el mismo arraigo que el lince ibérico. Más que un movimiento parece una especie en extinción. Aquí muchos quieren la responsabilidad política, pero no sus responsabilidades. El resultado es una banda que cuando vienen duras se pone de perfil. Las llamas no distinguen entre votantes, así que esto de teñir el fuego de color ideológico, como intentan unos y otros, huele a cuento viejo, a ocurrencia de asesores. España está hecha una pira de madera que prende cada verano y cada año, las brigadas de bomberos, los soldados de la UME y los paisanos tienen que jugarse la figura para sofocar la lumbre porque aquí hay peña que se olvida de cumplir con sus tareas.

A nadie se le escapa que los montes están abandonados, los bosques sin limpiar, las mesetas resecas, los pueblos vacíos y, sobre todo, que por ahí circula una caterva de inconscientes y desaprensivos dispuestos a rascar un mixto y arrojarlo a la leña. ¿Qué nos pilla desprevenidos de esto? Si sumas que llueve menos que en una bañera, las temperaturas son altas y tenemos un territorio dispuesto a arder como una tea al mínimo chispazo, tienes la ecuación. No hay que ser un lumbreras para verlo. Sin embargo, cada estío tenemos unas fallas montadas en las sierras que no son nada edificantes.

Los de emergencias del ejército y otros tantos con las lecciones aprendidas están hartos de repetir los puntos para un plan de prevención eficaz, pero entiendo que eso de tomar apuntes resulta aburrido. Al final, un colega va a tener razón y la peor cerilla es la incompetencia. El chaval lo sostiene con otro asunto de traca: la escasez de agua, que ya desde hace tiempo amenaza con dejarnos las tuberías más secas que el desierto del Gobi. ¿Alguna administración está adoptando medidas? No. Después la culpa será de los cuatro matados que luchan por la pervivencia del oso pardo.