La más longeva, la más querida

Isabel II se ha ido dando ejemplo, como ella quería, siendo monarca hasta el último suspiro

Sandra Golpe

Desde hace un par de años este mundo se nos cae encima, más crispado que nunca. Ansiosos como estamos de contarte buenas noticias, resulta que los tipos de interés experimentan ahora una subida nunca vista y el precio del dinero se pone por las nubes; resulta que nuestro Gobierno debate sobre la posibilidad de una cesta «low cost» de alimentos básicos, para hacer frente a estos tiempos inciertos -tiempos de guerra, de vacas flacas en Occidente- y pocas personas, muy poquitas, en este escenario pseudoapocalíptico, pueden conseguir que, de repente, todo el planeta deje la actualidad de lado y fije su mirada en ella. Verdaderamente, culmina una era con la muerte de Isabel II. Icónica, mucho más que cualquier estrella de Hollywood, que cualquier artista mítico, que cualquier político de cualquier país.

Muere una figura imprescindible para entender el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI. Testigo y protagonista influyente de la Historia, Atrás, 70 años de reinado intenso, que hemos seguido desde que tenemos conciencia. Hemos asistido a sus actos públicos y hemos indagado, expectantes, en los líos familiares de sus hijos, hemos informado de sus annus horribilis, hemos visto todas las series inspiradas en ella. ¿Cómo no comprender la conmoción mundial de estas primeras horas?

Isabel II se ha ido dando ejemplo, como ella quería, siendo monarca hasta el último suspiro. Hace solo dos días recibió en el Castillo de Balmoral a la nueva premier británica. Trascendieron sólo unas fotos que reflejaban esa fragilidad suya de los últimos años, empequeñecida por la edad aunque en pie, sonriente, estrechando la mano de Liz Truss. Recuerdo que lo comentamos en la redacción. Esos hematomas en las manos y ese cambio de residencia a Balmoral alentaban las especulaciones. De todos modos, nadie -ni siquiera sus hijos- parecían presagiar su marcha repentina. Y más, teniendo en cuenta la longevidad de la familia real británica (su madre murió a los 101).

A partir de ahora, asistiremos con admiración a la secuencia perfecta de un protocolo que lleva preparado décadas. Y en unos días, se celebrará su funeral de Estado, el más relevante que se recuerde, con su hijo Carlos ya convertido en rey, a los 73 años. ¿Asistirá don Juan Carlos? ¿Quiénes representarán a España ese día? ¿Con qué nombre reinará el nuevo monarca? Nos quedan muchos detalles por conocer, empezando por su primer discurso. Se espera que Carlos ponga orden en su familia y recorte gastos. La gran pregunta es si logrará ganarse el cariño de sus compatriotas. No le ayuda su historia personal, ni sus excentricidades. Hay un abismo entre Isabel y sus descendientes. Lo acaba de explicar, en una frase, la primera ministra Trust: «Era una roca, y el Reino Unido es un gran país gracias a ella».