Carmen de Icaza, feminista

Fue claramente una luchadora feminista. A ver si la izquierda la ignora o maltrata, coincidiendo, en este caso, como en otros, con los falangistas más ultras

Carlos Rodríguez Braun

Los autodenominados progresistas se afanan en esgrimir banderas plausibles en exclusiva. La dirigente socialista, Carmen Calvo, lo expresó sin rebozo cuando se negó a que hubiera ningún feminismo que no fuera de izquierdas, con estas célebres palabras: «No, bonita, que nos lo hemos currado».

Esto está lejos de ser evidente ni diáfano. De entrada, la propia izquierda se ha dividido ostensiblemente en torno a las cuestiones de género. Y es patente que existen feministas contrarias al socialismo en cualquiera de sus variantes. Hay, por ejemplo, un feminismo liberal y crítico, que encarnan figuras como la estadounidense Camille Paglia o la española María Blanco. Recientemente he podido leer un buen libro de Mari Pau Domínguez, que también irritará a los monopolistas del feminismo: No habrá otra primavera. La apasionada vida de Carmen de Icaza, en La Esfera de los Libros.

Sospecho que a nuestros sectarios progres no les convencerá el hecho de que Dolores Ibárruri, Pasionaria, haya recomendado la lectura de las obras de Icaza, ni que Carmen Martín-Gaite haya confirmado que Cristina Guzmán, profesora de idiomas, la novela que Carmen Icaza publicó en 1936, fuera el libro que «todas las chicas casaderas leíamos sentadas a la camilla y muchos soldados llevaban en el macuto», porque reflejaba la historia de España, sobre todo la de las mujeres. Como dice la autora: «En el lado de los nacionales también había tremendas historias humanas de las que no se habla».

Esta visión humana es la que recrea Mari Pau Domínguez en su biografía novelada de Icaza, notable mujer española, distinguida, culta y luchadora, que, en 1925, ante el rechazo abierto de su madre, se puso a trabajar como periodista en «El Sol». Tuvo con el tiempo un éxito abrumador de crítica y público, en España, Europa y América, y estuvo muchos años al frente de Auxilio Social de la Falange, creando la famosa consigna: «ni un hogar sin lumbre ni un español sin pan». Declaró: «La Falange jamás hubiera aprobado muchas de las cosas que yo hice siendo mujer. Tenían una idea distinta a la mía del papel que debemos tener las mujeres en la sociedad». Fue claramente una luchadora feminista. A ver si la izquierda la ignora o maltrata, coincidiendo, en este caso, como en otros, con los falangistas más ultras.