El terrorismo ruso

La resolución condenatoria del Europarlamento no tiene ninguna relevancia, pero muestra dos mundos: las democracias y las dictaduras

FOTO: VLADIMIR SMIRNOV / KREMLIN POOL EFE

El Parlamento Europeo ha declarado formalmente que Rusia es un Estado «promotor del terrorismo». La resolución no tiene ningún valor jurídico, pero es uno de esos gestos simbólicos tan característicos de los europeos. Por supuesto, Putin no le otorgará ninguna relevancia y se interpretará como otra muestra de nuestra sumisión a los Estados Unidos. La decisión se basa en los más de 40.000 crímenes de guerra cometidos en Ucrania, pero también en la destrucción de 60.000 instalaciones civiles, la crisis humanitaria y el incumplimiento de los principios de la ONU. La definición como «promotor del terrorismo» es algo coherente con el comunismo, porque hay una línea ininterrumpida con las técnicas que eran utilizadas por la Unión Soviética. El terror ha sido siempre un instrumento para los regímenes autoritarios. Por cierto, es como se define uno de los períodos más espantosos de la Revolución Francesa. El propio régimen zarista sufrió numerosos atentados y reprimió con gran brutalidad a los disidentes. Por supuesto, cuando Lenin y sus criminales compañeros consiguieron el poder se convirtió en un gran Estado terrorista. Desde entonces hasta ahora, nunca ha dejado de serlo.

Unas veces lo ha hecho de forma descarada, como sucede actualmente, y otras, moviendo los hilos de los grupos que querían desestabilizar a los regímenes democráticos. La URSS estuvo detrás de todos los grupos terroristas que asolaron medio mundo, tomó el control de los países del Este cometiendo numerosas atrocidades e impulsó los llamados movimientos de liberación, que lo único que querían hacer era imponer dictaduras comunistas. El terrorismo soviético contaba, incluso, con un reparto de papeles, porque sus Estados satélites tenían una intensa dedicación perpetrando crímenes, torturas y extorsiones. Por supuesto, las guerras e invasiones fueron el terreno abonado para este tipo de prácticas. La brutalidad oriental siempre me ha llamado la atención y sobrecogido. Es una absoluta indiferencia por la vida humana, así como la utilización del terror como elemento disuasorio. Putin es un digno heredero de la tradición soviética, que se remonta al nacimiento de Rusia. La resolución condenatoria del Europarlamento no tiene ninguna relevancia, pero muestra dos mundos: las democracias y las dictaduras.

Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).