Desinflación

En 2023 pasaremos de la muy alta inflación a la ralentización productiva con riesgo de recesión

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Aunque el Gobierno español quiso colgarse la medalla de estar doblegándole el pulso a la inflación, como si éste se tratara de un logro genuinamente patrio que no fuera a darse en el resto del orbe.

En realidad, la inflación ha comenzado a moderarse a ambos lados del Atlántico por la restricción monetaria practicada por los bancos centrales desde mediados de 2022: no en vano, al mismo tiempo que la escalada de precios se moderaba en España, también hacía lo propio en EEUU. Con un mayor retraso ha ido el resto de Europa (también allí los precios empezaron a subir más tarde que en España y en EEUU), lo que le sirvió al Ejecutivo para atribuirse todo el mérito de la desinflación.

Ayer, sin embargo, conocimos que la inflación también está empezando ya a descender significativamente en Francia y Alemania, lo cual obviamente tiene poco que ver que las políticas sanchistas a las que aquí se pretendió atribuir la moderación de los precios. Aparentemente, pues, las tensiones inflacionistas están calmándose en el conjunto del planeta, pero haríamos mal en pensar que todo el peligro ha sido superado y que ya podemos volver a las andadas del crédito laxo. Y es que ahora mismo estamos entrando en lo que podríamos denominar segunda etapa del episodio inflacionista: cuando los trabajadores (de manera comprensible) quieran recuperar el poder adquisitivo que han perdido durante los últimos meses, tratarán de empujar los salarios al alza, lo cual puede conducir a una espiral precios-salarios si la política monetaria adopta un tono suficientemente acomodaticio.

Por eso, dada la tensión en la que se hallan la mayor parte de los mercados laborales occidentales (la escasez de trabajadores azota no solo a EEUU, sino también a Alemania, e incluso en algunos sectores a España), es dudoso que los bancos centrales opten por volver a bajar los tipos de interés inmediatamente. De hecho, el mensaje que ahora mismo están lanzando a los mercados (aunque bien cabe la posibilidad de que estemos ante un farol) es que piensan seguir subiéndolos.

Sea como fuere, cuanto más tiempo se mantengan elevados los tipos, tanto más tenderán a ralentizarse nuestras economías. En 2023 pasaremos de la muy alta inflación a la ralentización productiva con riesgo de recesión. Las dificultades no han quedado atrás.