El circo sirio

La administración Biden no puede resignarse a ser un mero espectador de lo que suceda en Siria y concentrarse únicamente en Ucrania pues ambos teatros están conectados

El circo sirio
El circo sirio FOTO: Federico

Un extraño espectáculo circense se ofrece a lo largo y ancho de las atormentadas tierras sirias. El número principal está a cargo de cuatro equilibristas del alambre. Funambulistas rusos, turcos, israelitas e iraníes comparten la misma cuerda floja tratando de defender su percibido interés básico nacional mientras mantienen el equilibrio, atentos a los movimientos insospechados de los otros artistas que les puedan afectar. La altura es grande y no hay red, el peligro de una caída es, pues, considerable. El público básico de tan complicada atracción de circo es básicamente norteamericano –la administración Biden– aunque también hay espectadores de la Unión Europea (UE) e incluso un puñado de españoles como veremos más adelante. También Bashar al Assad es paradójicamente más espectador que protagonista de lo que pueda pasar en su martirizado país.

El interés del Sr. Putin por Siria empezó hace ya siete años cuando comprobó que el presidente Obama no iba a intervenir allí pese haber amenazado con hacerlo –la famosa línea roja– si el despiadado Assad empleaba armas químicas contra su propia población. Aquella paralización norteamericana ofreció a Putin la posibilidad –a coste moderado– de sustituir a los norteamericanos en Oriente Medio como intermediario imprescindible elevando así su categoría internacional. Putin muy probablemente ya tuviera en mente por aquellas fechas que Ucrania era su prioridad absoluta y que el objetivo básico de su intervención en Siria era que los norteamericanos le consideraran interlocutor en su mesiánica recuperación del Imperio zarista/soviético que ha empezado, en serio, hace un año en Ucrania aunque ya llevaba amagando con Georgia, Moldavia, el Donbas y Crimea desde bastante antes. Pero la «recuperación» de Ucrania no está yendo tan fácilmente como pensaba el sátrapa del Kremlin y el esfuerzo en Siria está detrayendo fuerzas que necesita para su objetivo prioritario. Aquí surge la necesidad del primer equilibrio: ¿cuántas unidades puede retirar del teatro sirio sin arriesgar todo lo conseguido durante estos años?

En esto de reconstruir imperios el Sr. Erdogan sigue de cerca a Putin. Siria es el centro de gravedad para neutralizar a los kurdos que es el obstáculo más evidente y urgente que se opone a sus afanes neo otomanos. Posiblemente el agente local más motivado en Oriente Medio –y desde luego en Siria– sea el presidente Erdogan que incluso ha estado rozando el choque directo con fuerzas norteamericanas e irritando a la OTAN con presiones periféricas. Erdogan es capaz de cualquier cosa (vender drones a Ucrania, comprar petróleo y gas a Putin, vetar a Suecia y Finlandia en la OTAN, acoger refugiados rusos en Estambul, incumplir las sanciones contra Rusia, etc.) sin importarle las contradicciones, con tal de que se tenga que contar con él. El mantener el equilibrio es difícil para el perturbador turco y corre el riesgo de que alguien importante se enfade con él más allá de la irritación constante que provoca.

Israel e Irán son los agentes externos más enfrentados entre sí que actúan en el teatro sirio. Israel había logrado una cierta benevolencia rusa para neutralizar fuerzas e instalaciones iraníes en Siria antes de que estos últimos se convirtiesen en el suministrador básico de armamento del aislado Sr. Putin. Otra prueba más de que lo que pase en Ucrania tiene prioridad sobre lo que pueda suceder en Siria aunque el esfuerzo –y la sangre derramada– durante tantos años en este último teatro hacen que los protagonistas de la tragedia busquen cierto equilibrio. Los ayatolas y el Sr. Putin tienen como adversario prioritario a los EEUU y el acuerdo anti natura entre ellos lo demuestra.

Solo hemos podido explorar vertiginosamente las motivaciones principales de los cuatro agentes principales que actúan sobre Siria. Existen muchos otros intereses que complicarían este esbozo más allá de los límites de una Tribuna. Pero parece evidente que la administración Biden no puede resignarse a ser un mero espectador de lo que suceda en Siria y concentrarse únicamente en Ucrania pues ambos teatros están conectados, tanto para los equilibristas principales como para los norteamericanos. Los europeos asistimos impotentes al espectáculo sirio pues el principal instrumento allí es el militar. Así que habrá que resignarse al habitual papel de pagar y lamentarnos pese a que las consecuencias –inmigraciones masivas es la principal– nos puedan afectar significativamente. Y España, que para mantener una apariencia de normalidad OTAN con Erdogan tiene desplegada en el sureste de Turquía una batería de misiles Patriot, se puede ver seriamente involucrada en este vendaval de pasiones e intereses y con el amigo americano distraído y paralizado ante el esfuerzo que requeriría seguir el complejo escenario sirio; deberíamos salir del avispero mientras haya manera digna de hacerlo.

Si pudiera darle un consejo al presidente Biden sería que preste atención a lo que va a pasar en Siria dentro de poco pues si no vamos a pagar las consecuencias; incluso en Ucrania.

Ángel Tafalla. Académico correspondiente de la Real de Ciencias Morales y Políticas y Almirante (R).