Bonus Track

Agresiones

No hay quien les guíe, ni instruya, ni proteja para que sean solo niños, y nada más

Las recientes agresiones sexuales infantiles, de niños contra niños, tres en Cataluña, alguna en el colegio, una en «manada»…, son otra prueba de que, olvidada ya la última mitad del siglo XX, cuando Occidente con su estado de bienestar conquistó lo que podemos denominar «el derecho a la infancia», a tener una infancia…, este privilegio humano ha llegado a su fin. Denomino «infancia» al derecho de todo ser humano a vivir los primeros años de su existencia alejado del sexo, las drogas y la violencia, en un espacio seguro donde crecer, en el cual las preocupaciones, locuras y miedos adultos no contaminen ni hieran gravemente al niño... Eso se está acabando, es evidente. Leyes injustas, junto a la pornografía, que se ha convertido en un hecho estructural de las sociedades de hoy, envenenando con su agresividad también a los niños, hacen que la infancia se esté perdiendo. Quizás para siempre. Muy pocos críos se ven a salvo del contagio pandémico que supone entender la sentimentalidad humana a través de una violencia pornográfica que implica ásperas relaciones de poder, dominación y humillación exhibicionistas. La mayoría de las criaturas, a quienes ha tocado en suerte vivir estos tiempos, se verán dañadas por la sexualidad y sus violencias asociadas inevitablemente a la concreción visual de las fantasías adultas que forman la pornografía. Por eso, y porque criar hijos hoy es una tarea titánica de la que muchos padres desertan, innumerables chiquillos (los más desamparados y pobres, sobre todo) están dejando de ser niños para convertirse en versiones asilvestradas, endurecidas y rijosas de la peor versión de un adulto. Afectados en su identidad, sin apoyo ni guía, su volición y sus decisiones (que siguen siendo volubles: propias de niños) se forman en una suerte de campo de salvajismo emocional donde no existen los límites. No hay quien les guíe, ni instruya, ni proteja para que sean solo niños, y nada más. Ahora, incluso reciben presiones para tomar decisiones «sexuales» como si fueran adultos. Y esa es otra violencia más que los mayores están ejerciendo sobre la infancia.