Las correcciones

Bayrou, Sánchez y la ética política

El primer ministro francés asume su responsabilidad y se marchará si no respaldan su proyecto

La rentrée en Francia se presenta turbulenta con la inminente caída del Gobierno de François Bayrou. Frente a quienes le acusaban de enredar para ganar tiempo, el primer ministro francés fue directo y anunció este lunes una moción de confianza para el próximo 8 de septiembre pese a las nulas posibilidades de salir ileso. Lo hizo tras advertir a los franceses sobre «el peligro inmediato» que representa el sobreendeudamiento del Hexágono y ofrecer como alternativa su plan de ahorro presupuestario de 44.000 millones de euros. Bayrou asumirá su responsabilidad ante el Parlamento aunque ello suponga su salida del Palacio de Matignon y eso le honra. El primer ministro francés describió un panorama sombrío, pero certero. Francia gastará 75.000 millones en 2026 y 100.000 en 2029 para pagar solo los intereses de la deuda pública sin contar las partidas de sanidad y educación. En octubre tendrá que volver a recurrir a los mercados financieros para pagar los gastos corrientes del Estado. Los bonos a 30 años se encuentran en su nivel más alto desde hace dieciséis años, con un 4,38%. La diferencia entre el coste de los préstamos de Francia a 10 años y el de Italia se ha reducido a 8 puntos básicos, frente a los más de 100 puntos de hace dos años. Esto significa que París está a un 0,08 % de ser la peor economía de la zona euro. Mientras Bayrou predica en la Asamblea Nacional sobre la sostenibilidad de la deuda pública, la oposición política francesa, dominada por Jean Luc Melenchon y Marine Le Pen, niega la realidad. El 8 de septiembre la extrema izquierda y la extrema derecha votarán en contra del primer ministro en un claro ejemplo de la convergencia de los radicalismos y su afición por el caos. Este verano, los diputados de Reagrupamiento Nacional habían asegurado que querían debatir antes de censurar, en un intento de alejarse de «Doctor No» (Mélenchon) y mostrarse constructivos. Macron propuso a Bayrou como primer ministro por su sintonía con Marine Le Pen, pero las relaciones personales son secundarias cuando se trata de satisfacer las ambiciones políticas. La líder de Reagrupamiento Nacional dejará caer a «su amigo» por oportunismo. El movimiento inesperado de Bayrou vuelve a poner a Francia sobre el volcán, (en París solo se habla de quién será el próximo primer ministro), pero visto desde España no deja de tener cierta épica. Para el jefe del Gobierno francés este inicio del curso político no podía ni debía ser como los demás. Con su gesto, ha demostrado que la urgencia de recuperar el control sobre la deuda del país está por encima de los intereses personales.

En España, sin embargo, llevamos con los presupuestos prorrogados desde 2023 y nadie ha asumido responsabilidades políticas. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pidió en 2018 la dimisión de Mariano Rajoy por no poder aprobar las cuentas públicas, pero ahora no tiene problemas en defender su continuidad en La Moncloa hasta 2027. Ha prometido presentar unas cuentas públicas este otoño aunque no tiene los votos necesarios para sacarlos adelante. No sería la primera vez que anuncia unos presupuestos y luego se desdice. Ya lo hizo en 2024. ¿Habrá consecuencias como en Francia? Ninguna. El exprimer ministro francés, Pierre Mendès France, un referente de la izquierda, aseguró que «gobernar es elegir». Sánchez ha elegido y se ha elegido a sí mismo.