Chile

A La Haya

La Razón
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El congreso de Chile ha aprobado denunciar ante el Tribunal de La Haya al régimen comunista bolivariano de Nicolás Maduro por crímenes de lesa humanidad. Se inicia así el proceso internacional contra un asesino narcotraficante, ídolo del comunismo español. Coincide esta magnífica noticia con la publicación de la sentencia que demuestra la recepción de 272.000 euros de Pablo Manuel Iglesias procedentes del régimen criminal de Maduro. Venezuela muere de hambre y Pablo Manuel se forra, como Monedero. En un gráfico emitido por la Televisión oficial de Venezuela, más del 70% de los encuestados son partidarios de una intervención internacional en su país, contra un 17% que se opone a ello. Se estrecha el cerco. El mundo libre aguarda con ilusión que, al fin, Su Santidad El Papa tenga el detalle de regañar un poquito al asesino comunista bolivariano. La Iglesia no se equivoca en sus gestos. Veintiún siglos de inteligencia no permiten las improvisaciones. Y millones de católicos siguen sin comprender las sonrisas y los abrazos de Su Santidad dedicados a Cristina Kirchner, Raúl Castro y Nicolás Maduro, y la expresión de cabreo porteño del Pontífice cuando recibe a Macri o a Trump.

Esa diferencia gestual no es anecdótica, sino programática. Hoy, cuando escribo, siguen manchando con sangre inocente los esbirros del canalla las calles de las ciudades de Venezuela. Hoy, cuando escribo, siguen los supermercados vacíos, algunos de ellos saqueados por la Policía Bolivariana, mientras el Gobierno invierte en vehículos y armas para sostener por la fuerza el régimen que se desmorona. Hoy, cuando escribo, los comunistas españoles de Podemos, cuando se les pregunta por los muertos y presos políticos de Venezuela, responden con violencia, con bromitas referentes a las víctimas y a los presos, o refanfinflándose en público con su habitual chulería. Se entiende, y más aún, después de haberse confirmado que simultáneamente a la ausencia de rollos de papel higiénico en los mercados de Venezuela, Pablo Iglesias recibió del Gobierno comunista bolivariano 272.000 euros transferidos a un banco de un paraíso fiscal. Pero al fin, hoy, cuando escribo, el Parlamento de una nación libre y democrática de América, el de Chile, ha aprobado la denuncia ante el Tribunal Internacional de La Haya por crímenes de lesa humanidad contra el régimen que mata con balas y hambre a Venezuela mientras en España financia a sus encubridores. El próximo paso, muy próximo, será el de la expulsión de Venezuela de la OEA, y cuando se vayan acumulando acciones y denuncias internacionales, quizá la Comunidad Europea, se atreva a condenar sin tapujos al régimen criminal.

No sé a qué esperan. ¿A un número establecido de muertos? ¿Sesenta manifestantes pacíficos asesinados son pocos para denunciar? ¿Necesitan doscientos? ¿La falta de alimentos y de medicinas en Venezuela no son argumentos potentes para intervenir? ¿Los bancos de Andorra, Mónaco, Liechtenstein, Gibraltar, Islas Vírgenes y Caimanes y demás paraísos fiscales van a seguir acumulando las incomensurables fortunas que los dirigentes comunistas de Venezuela se han embolsado mientras matan de hambre a su pueblo? ¿A qué esperan las naciones libres para unirse contra un Gobierno que rompe en pedazos su Constitución y sus leyes y responde con balas los gritos de los desesperados?

Los comunistas españoles de Podemos –de los otros sólo queda el sansirolé de Garzón y pocos más–, no pueden sentirse cómodos con el cariz que está tomando la sangrienta farsa bolivariana. Todo termina por saberse. Chile ha dado el primer paso, la OEA dará el segundo, y quizá, con suerte, la voz más respetada del mundo, la de Su Santidad El Papa, salga en defensa de la libertad de Venezuela. Los católicos creemos en los milagros.