A puñetazo limpio con el artífice de su conversión en millero

El episodio bufo del «striptease» en la recta final de los 3.000 obstáculos le ha costado al extraordinario Mahiedine Mekhissi un título europeo, pero le ha dado una notoriedad planetaria que antes de Zúrich 2014 jamás soñó con alcanzar, a despecho de su impresionante palmarés y de sus frecuentes cruce de cables; porque así habría que calificar las actitudes («inaceptables», según el presidente de su propia federación) de este mediofondista al que Ezekiel Kemboi, el rey de los obstáculos, considera su «hermano blanco» y del que el español Sebas Martos dijo el jueves, tras criticarlo ácidamente por su numerito de la camiseta, que «es un buen chaval pero se le va la olla a veces».

La trayectoria atlética de Mekhissi está fuera de toda duda: dos platas olímpicas y dos bronces mundiales, en una prueba en la que esto es casi imposible para los nacidos fuera de Kenia, y un récord europeo descomunal: sólo nueve centésimas sobre la barrera legendaria de los ocho minutos. De su segundo título continental, el de Helsinki 2012, ha trascendido que empujó a la mascota nada más proclamarse vencedor, con el agravante de que quien llevaba el disfraz era un chaval de catorce años; pero en España se ignora su estúpida reacción hacia Víctor García. El madrileño le discutía el triunfo, pero tropezó con el último obstáculo y le dejó el camino expedito hasta el oro. Nelson Monfort, una institución en la televisión pública francesa (el hombre que entrevista a Rafa Nadal a pie de pista tras cada uno de sus partidos en Roland Garros), le pidió que dedicase unas palabras de consuelo a su desdichado rival: «Si se ha caído es porque iba hasta arriba de ácido láctico y no ha visto bien la valla. Es lo que pasa cuando quieres seguir un ritmo para el que no estás preparado», espetó. El pobre periodista, un obseso del buen rollo, no sabía donde meterse.

La exhibición con la que ayer se resarció de su descalificación del jueves la construyó con los consejos de un mítico millero francés, Mehdi Baala, medallista olímpico y doble campeón continental de la distancia. Tras recibir deportivamente las felicitaciones de sus rivales (esta vez sí), Mekhissi lo buscó en la grada para ir a abrazarlo y para «agradecerle que me convenciese de que corriese las series del viernes después de no haber dormido en toda la noche. Él me dijo que me habían puesto de rodillas pero no me habían dejado KO y que me tenía que levantar». Las metáforas pugilísticas no son inocentes entre estos dos hombres. Cuando el técnico estaba en la recta final de su carrera y el pupilo era una promesa emergente, tuvieron un enganchón en el mitin de Montecarlo. Los clásicos empujones de todos los 1.500... si no hubiesen zanjado el asunto a puñetazo limpio en la zona mixta. Total, que está como una cabra.