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Adeu, Joaquim Torra

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Tiempo de lectura 4 min.

19 de octubre de 2019. 00:28h

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Tomás Gómez 19/10/2019

La última sesión en el Parlamento catalán rozó el esperpento. Cuando todo el mundo esperaba una explicación del presidente Torra sobre los altercados violentos en las calles, se descolgó con un plan para realizar un nuevo referéndum de autodeterminación.

La imagen de España está siendo dañada internacionalmente. Sin gobierno estable desde hace tres años, una repetición de elecciones que responde a la miopía, el egoísmo y la falta de seriedad de los principales líderes políticos y un gobierno en Cataluña que no respeta el Estado de Derecho...

Generalmente se suelen confundir los deseos con la idea de Justicia, por eso, las sentencias no tienen que gustar a todos, sencillamente hay que acatarlas. El Tribunal Supremo ha dictado la del “procés” y la obligación de todos, especialmente de las instituciones, es asumirla.

Existe más que una duda razonable sobre la relación de Torra con los violentos, y no solo con los incidentes actuales, se sabe que desde hace meses está alentando a los Comités en Defensa de la República.

También se ha podido comprobar que todos los actos y declaraciones que ha hecho en relación a la condena han ido dirigidos a calentar el clima de opinión y contra las instituciones del Estado.

Además, la Generalitat, con Torra al frente, podrá conceder el tercer grado a los condenados, que aunque sea recurrible ante el juez de vigilancia penitenciaria, sin duda será utilizado política y mediáticamente por los independentistas.

Hace tiempo que los gobiernos autonómicos en Cataluña han dejado de servir al objetivo de su existencia para convertirse en palancas impulsoras de la desestabilización política, el conflicto y la erosión del Estado.

La necesidad más urgente que tiene Cataluña es que Torra se vaya, se ha convertido en su principal problema. Los independentistas han contaminado todo: la moción de censura contra Rajoy y estuvieron a punto de hacerlo con la investidura de Pedro Sánchez.

Es posible que la crisis en Cataluña modifique las encuestas que hemos ido conociendo. El resultado final dependerá de cómo gestionen unos y otros la situación. En principio, el gobierno tiene la ventaja de que puede tomar iniciativas, pero también la desventaja de que es el máximo responsable en la solución de un avispero.

Hay una verdad absoluta que conoce todo el que ha gobernado: a la gente no le gusta los problemas, los líos. La sensación que transmite Moncloa hasta el momento es de improvisación, algo inaceptable para el electorado que siempre ha considerado que este conflicto era un escenario más que posible y espera del gobierno soluciones.

Además, en plena campaña, cada partido político pone las lentes de aumento en los errores de los adversarios y minimiza los aciertos de estos, la consecuencia es que quien más se juega en esta crisis es Pedro Sánchez y no será fácil salir airoso.

Todo el mundo está esperando acciones del gobierno, pero no se aceptará demagogia. Por ejemplo, no se puede votar en contra de una moción de censura contra Torra y días después exigirle que se vaya.

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