Atakynes y Kassais

La Razón
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El argot belicista domina el fútbol, con la jerga penal pisándole los talones. Pepinazo, chupinazo, disparo, cañonazo, tiro, ariete, gladiador, artillería, encerrona, emboscada, estrategia, ataque, defensa, fusilar al portero... Expresiones que en determinadas circunstancias dejan libre el campo de batalla para operaciones menos heroicas que filibusteras: atraco con nocturnidad y alevosía –si el partido es de noche–, robo, asalto, fraude, árbitro comprado, o vendido, según de donde sople el viento.

Después del 6-1 del inolvidable Barcelona-PSG, lo que para la familia culé fue una hazaña inenarrable, para los madridistas recalcitrantes y esos otros testigos del fútbol que están hasta los mismísimos de las quejas de los por norma beneficiados, resultó ser un atraco en toda regla perpetrado por el árbitro Aytekin. Eso sí, con la ayuda inestimable de los «desvalijados», incapaces de mantener el balón en su poder más de 15 segundos y menos tiempo aún alejado de su área.

Después del 4-2 del Real Madrid-Bayern de Múnich, las voces sonaron en sentido contrario y quienes una semana antes pasaban por alto el hurto –no hubo violencia– en el Camp Nou lo denunciaban en el Bernabéu, y viceversa. En cualquiera de los dos casos los ábitros no dieron una a derechas y su incapacidad abonó el terreno de la farsa. Lo único que cabe, pues, es denunciar ante la UEFA la utilización de jueces tan rematadamente malos y desterrar de un vez por todas a Kassais y Atakynes, no vaya a ser que la líen también en semifinales o piten lo que no es en la final.