Historia

Augusto Ferrer-Dalmau

La Razón
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Le sobra razón a Arturo Pérez-Reverte cuando afirma que nadie pinta y dibuja en España como Augusto Ferrer-Dalmau. Sucede que los concededores de bulas artísticas no le perdonan que haya tomado el mismo rumbo que su paisano Josep Cusachs, al que supera con holgura. La temática militar, el pintor de batallas, el recuperador de la estética de la Milicia y retratista de la mejor Historia de España. Ferrer-Dalmau es un barcelonés –tabarnés–, nacido en el seno de una familia de la alta burguesía. Le ahogaba el ambiente paleto y catalanista de su gran ciudad, y estableció su exilio en Valladolid, capital política de la Alta Castilla, antaño denominada Castilla La Vieja. Ahí vivió muchos años y en Valladolid conoció a un editor formidable, loco maravilloso y magnífico escritor, Lucas Molina, que editó sus primeros libros antológicos. «Guardias Civiles de Caballería», «Caballería de la Guardia Real», «Farnesio», «Estampa de la Caballería Española», «Los Almogávares», y el portentoso «Arte en el Corazón de Afganistán», donde plasma en sus bocetos y su impresionante lienzo «La Patrulla» la estética militar bélica española del siglo XXI. Para ello se largó a Afganistán con Lucas Molina y convivió con nuestros militares en el destacamento de Qala i Naw, al mando del entonces coronel y hoy joven general Luis Cebrián Carbonell, varias semanas. En ese libro destacan los dibujos y bocetos improvisados durante sus expediciones por aquel desierto insoportable. El texto de Molina al encadenado muestrario del arte de Ferrer-Dalmau es estupendo. Ahí donde lo ven está casado – Lucas, que Augusto es repetidor–, con la comandante de Intervención Militar más guapa y atractiva de la historia de este Cuerpo, dato que me permito destacar para situar a Lucas en el lugar del podio que merece.

De la mano de Pérez-Reverte, Augusto se hizo a la mar, y amplió su maestría con el arte de Nuestra Armada. Y pintó la carga del regimiento Alcántara, y la batalla de Castillejos, y el Camino Español del duque de Alba, y el milagro de Empel. Su fascinación por la estética carlista abunda en su pintura. Ferrer-Dalmau es el artista catalán más enamorado de España que han conocido los dos últimos siglos. Y su arte lo ha entregado al heroísmo, la elegancia y la belleza visual y anímica de nuestra Historia Militar.

Le terminan de publicar su primera gran antología, con prólogo de Arturo Pérez-Reverte. Presenté su libro y su cuadro «La Patrulla» en Valladolid, invitado por el general Aurelio Quintanilla, que mandaba entre los muros del Palacio Real que vio nacer a Felipe IV, el motejado por Torrente-Ballester como el «Rey pasmado». Tan pasmado que dejó más de cuarenta hijos naturales sobre la tierra que lo cubrió. El Rey de los Siglos de Oro de la Literatura y la Pintura, políticamente influido por aquel gran hijoputa que fue el Conde-Duque de Olivares, perseguidor de Quevedo.

Si Augusto Ferrer-Dalmau fuera nacionalista y de izquierdas ya tendría un museo dedicado a él en Barcelona. Si en lugar de pintar se hubiera dedicado a colorear un lienzo y pegar un calcetín en su tramo superior, como su también paisano Tapies, sería multimillonario. Sucede que ha elegido la Historia Militar de España como fuente de inspiración de su arte, y eso no se perdona. De ahí que su categoría artística y personal merezca un reconocimiento superior al del resto de los artistas actuales, algunos de ellos, todavía supuestos.

El mejor y más grande pintor de España. El Pintor de las batallas.