¿Bipartidismo? Sí, gracias

Asesores como el olvidado Eduardo Navarro enseñaron a Adolfo Suárez que la política española se gana y se pierde en el centro, y así apellidó a sus dos partidos, UCD Y CDS. Lo entendió muy bien Felipe González y lo comprendió muy mal Joaquín Almunia pretendiendo sucederle aliándose con el Partido Comunista. El bipartidismo ha cuajado en prósperas sociedades anglosajonas, y en España ha encofrado la democracia ordenando aquella sopa de letras que concurrió a las primeras elecciones. Como nuestro bipartidismo es imperfecto, en ocasiones la gobernabilidad la han aportado la derecha catalana, vasca o canaria. Por ello el peligro relativo de nuestro duopolio no reside en el autobús de todos los que han descubierto tardíamente su vocación de bisagras, sino en la varicela independentista de la burguesía catalana. Es perfecto este bipartidismo en el que ningún presidente repite (ni siquiera permanece en política tras perder unas elecciones, mutando en jarrón de la dinastía Ming). El maniqueísmo, Ormuz y Arimán, el bien y el mal, derechas e izquierdas, conservadores y liberales, suponen una suerte de hemiplejia intelectual, han consolidado el sistema democrático mediante la alternancia o la coalición, y a veces ni siquiera son lo que parecen. El PP, en una Europa donde prospera la intolerancia desde Francia a Escandinavia, no tiene nadie a su derecha, aunque algún gárrulo le tilde de ultraderechista. Los bienpensantes de VOX ni tienen recorrido ni son la derecha del PP. El problema del PSOE es que cuenta con una multiplicada extrema izquierda y que Izquierda Unida, Desunida, Plural o Pluscuamperfecta crece en intención de voto proponiendo disolver la tormenta perfecta con un comunismo de andar por casa que pretende hasta no pagar la deuda. No vienen solos: arrastran indignados, escrachantes, anarquistas y chavistas financiados por Venezuela. El PSOE tiene más difícil mantenerse en el perseguido centro. Lenin se equivocó: el izquierdismo no es la enfermedad infantil del comunismo, sino de la política.