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Confesión de delitos

Tiempo de lectura 4 min.

11 de octubre de 2016. 22:23h

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Alfonso Ussía 11/10/2016

Hoy, 12 de Octubre, Día del Pilar, Fiesta de la Hispanidad, festividad de la Patrona de la Guardia Civil y onomástica de mi señora esposa, me apresuro a confesar mis delitos con el fin de facilitar, si algún día gobiernan en España los antiespañoles, la labor del fiscal impuesto por Pablo Iglesias.

Amo apasionadamente a España. He visitado todas sus provincias, capitales, islas y ciudades del norte de África, Ceuta y Melilla. No hay nación como la nuestra y no entiendo el afán de una izquierda resentida por trocearla con el apoyo de los separatistas. Me siento, pues, profundamente español. Pena de muerte.

Soy monárquico. Me sostengo en la Historia de España y considero que la supuesta antigüedad de la Monarquía es más un argumento republicano que una realidad. De los quince países más desarrollados del mundo, ocho son monarquías. Creo en la figura que sobrevuela las pugnas políticas de los partidos y los enfrentamientos entre ellos. En España, tan cainita como rencorosa, es indispensable la Corona como elemento de conciliación. Pena de muerte.

Soy del Real Madrid. «El equipo de Franco», dicen los imbéciles. «El mejor club de fútbol del siglo XX», según la FIFA. Español convencido, monárquico y del Real Madrid. En mi biblioteca, que reúne más de veinte mil volúmenes, destaca una fotografía dedicada de don Santiago Bernabéu. Pena de muerte.

Soy un admirador sin límites de los militares, incluyendo entre ellos a los miembros de la Guardia Civil. En una nación dejada de sí misma y con casos de corrupción en todos los partidos, las Fuerzas Armadas son la síntesis de la decencia, del honor, del servicio a los demás y del amor a España. Pena de muerte.

Soy aficionado de antiguo a los toros. De muy joven fui amigo de Antonio Bienvenida, Antonio Ordóñez y Curro Romero, además de Manolo Vázquez. Ahora lo soy de muchos más, a los que no menciono por prudencia. Respeto a quienes, con educación y respeto, no comparten la afición taurina. Y me congratulo de sentir, ante la maravilla del arte en movimiento y la belleza de la soledad del hombre ante el toro, lo mismo que Goya, Vicente López, Picasso, Rafael Alberti, José María Pemán, Federico García Lorca, Benlliure, Jean Cocteau, Manuel de Falla, Hemingway, Welles, Gerardo Diego, y demás trogloditas según los animalistas. La relación completa se haría interminable. Pena de muerte.

Soy un enamorado de la naturaleza. Con 13 años fui anillador de la SEO, Sociedad Española de Ornitología. Me pasmo ante el campo, las sierras, las dehesas y los valles. Y me fascinan los animales, que ahora abundan en España gracias a los cazadores, los guardas y sobre todo, los propietarios de los cotos. La caza es cultura, y están ahí Velázquez y Schneider, por si alguien lo pone en duda. Y los Benedito, y los grandes escritores y narradores de nuestra venatoria. Pena de muerte.

No soy homosexual, y respeto a los homosexuales. Creo que tengo sentido del humor, y ello me aleja de los dogmatismos. Creo que fascismo y comunismo son igualmente deleznables, aunque el segundo haya asesinado más. Creo en la libertad, y más en el valor del individuo que de lo que ahora llaman el colectivo. Pena de muerte.

Soy católico. La Iglesia fue violenta en un mundo violento, y hoy representa la paz, la reconciliación y el amor. El humanismo cristiano ha sido el que ha conquistado los derechos y la libertad de los más débiles. No hay interpretaciones varias del Evangelio, como sí existen del Corán. No creo en las religiones que en pleno siglo XXI siguen ancladas en el Medievo y asesinan en nombre de su Dios. Y admiro al pueblo de Israel. Pena de muerte.

Fui, de joven, un intrépido saltador de trampolín con un traje de baño color mandarina. A pesar de mi cara de oveja tuve mucho éxito con las mujeres. Cuando muchos de mis colegas de la pluma se cuidaban de no calificar a los terroristas de la ETA, yo lo hice, y no me considero un valiente, porque en muchas ocasiones lo cumplí temblando. Canto muy bien, y en especial, los fados y las canciones melancólicas de la estepa rusa. Me baño o ducho todos los días y no necesito comprobar mis efluvios como Anna Gabriel. No concibo la capacidad de incultura y mentira de los separatismos. Jamás me he metido en el bolsillo un euro sin haberlo ganado, y así me va. Vuelvo al principio. Amo apasionadamente a España. Pena de muerte. La fecha de la ejecución la dejo a merced de los antojos y caprichos morados. Hoy, Día del Pilar he confesado una parte de mis delitos.

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