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Danzad, malditos

  • Danzad, malditos

Tiempo de lectura 2 min.

28 de septiembre de 2013. 21:13h

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Nos hacen bailar como a la cabra de un gitano. En la película de Sydney Pollack, una pareja se la juega en un concurso de danza donde ganan quienes más aguanten. Jane Fonda cruza la meta con el cuerpo a rastras de su compañero fallecido por extenuación. Así nos tienen, a un ritmo vertiginoso. El mundo se ha acelerado de forma insoportable. Los libros apenas se mantienen unos meses en el mercado; las películas, unas semanas, y las noticias, lo que dura el telediario. Imposible recordar los titulares del mes pasado, que subrayaban hechos de los que no queda ni señal. Vivimos más años, pero la frase recurrente es «no tengo tiempo». Estamos rodeados de estímulos rapidísimos: el zapping de la tele, los clics de internet, los mensajes de 140 caracteres en twitter, los disparos de los videojuegos... si te cansas de uno, pasas al otro y en medio wasapeas con el teléfono. Los programas están construidos a base de secuencias breves que apelan a los instintos básicos: violencia, consumo, sexo. En palabras de la investigadora Catherine L'Ecuyer: «Estamos creando niños saturados. Inocentes series infantiles tienen una media de 7,5 cambios abruptos de imagen por minuto. Cuando esos niños se enfrentan al ritmo de la vida real, todo les impacienta y les aburre. Existen estudios que relacionan horas de televisión en la infancia con problemas de atención y trastorno del aprendizaje». Noto cambios en mi paciencia. Antes podía leer a los clásicos o mil páginas de Dostoievski o de Tolstói. O un ensayo complejo. Ahora me canso. Si todavía son capaces de aguantar un escrito de diez páginas en inglés, no dejen de buscar «Avoid News», del escritor Rolf Dobelli, que explica que la sobreestimulación está cambiando físicamente nuestro cerebro. Existen dos tipos de memoria, a corto y largo plazo, y la saturación de la primera está impidiéndonos almacenar conceptos importantes en la segunda: «Los circuitos neuronales de lectura y reflexión –escribe– se están desactivando y existen consumidores –incluso antiguos ávidos lectores– que han perdido la capacidad de absorber artículos largos o libros». Buscamos constantemente novedades porque estamos siendo educados para ello y la consecuencia es que cualquier estúpido récord Guiness se convierte en lo más visto a través de internet. Pensemos sobre ello porque resulta que el mundo y la vida son lentos y complejos. Es así, es un hecho. Para entender una mínima parte de algo es preciso consultar artículos sesudos, reportajes minuciosamente elaborados, bibliografía. De lo contrario, no sólo no aprendemos en absoluto sino que nos quedamos gilipollas, por muchas noticias que escuchemos al día.

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