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De Aznar a Aznar

Tiempo de lectura 4 min.

21 de diciembre de 2016. 21:56h

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Alfonso Ussía 21/12/2016

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Aznar rompió el techo de Fraga y convirtió al Partido Popular en el más votado de España. Un partido que perdió los complejos liberales y conservadores. Un partido de derechas, tan respetable –o más–, en un sistema democrático que un partido de izquierdas. Aznar derrotó a los terroristas y consiguió que sus organizaciones políticas afines no pudieran acceder a las instituciones. Aznar cumplió una primera Legislatura de manera excepcional. España se convirtió en una nación influyente en Europa y el mundo. Y un alto porcentaje de los militantes y votantes que hoy conserva el PP socialdemócrata de Rajoy, es consecuencia de Aznar. Figúrense lo que sería el PP de haber logrado Fraga su objetivo. Que su sucesora fuera Isabel Tocino.

Aznar erró gravemente entregando en bandeja de plata la cabeza de Vidal-Quadras a Pujol. Fue aquella la exigencia de CIU para apoyar al PP en su minoría parlamentaria. Gracias a la inteligente coacción de quien resultó un presumible ladrón que será siempre presumible porque los Pujol son intocables, el PP se diluyó en Cataluña. Aznar mantuvo una medida impositiva prudente y respetuosa con los contribuyentes, y las inversiones se hicieron notar en nuestra economía. Inversiones nacionales y extranjeras.

Aznar ganó de calle y por goleada las siguientes elecciones. Una mayoría absoluta abrumadora que desembocó en una frustración. Aquel segundo Aznar fue mucho peor que el primero. Se hizo soberbio y antipático. No obstante, su musculatura política se lesionó por un asunto menor. La dichosa boda en El Escorial, la renuncia al valor fundamental del gobernante castellano nacido en Madrid. La austeridad. Se le ha calumniado por lo de Iraq. Creo que no fue su mayor equivocación, aunque la atosigante propaganda socialista y comunista casi lo despedaza. Y Aznar erró con muchas personas y con el dedito. Creyó que su dedo era suficientemente poderoso y estaba legitimado para señalar a su sucesor. Y designó a Rajoy, que había sido ministro en diferentes carteras de sus Gobiernos y vicepresidente en el segundo. Estaba cantado que el PP renovaría su mayoría absoluta, pero el terrorismo islámico se vengó con los terribles atentados en los trenes de la muerte. En aquellos días, las izquierdas dieron un solapado golpe de Estado, apoyado por Prisa, y gobernó en España la calamidad de Zapatero. Rajoy tuvo que esperar para ser presidente del Gobierno, y lo logró con una mayoría absoluta.

Pero el PP de Rajoy no era el de Aznar. Se rodeó de mediocridades, abrazó la socialdemocracia, se convirtió en el depredador implacable de la clase media, no adelgazó los gastos del Estado, permitió que se incumpliera la Ley una y otra vez en Cataluña, y no supo cortar la corrupción de su partido. Los héroes del PP vasco fueron humillados. Y el Gobierno del PP se puso a espaldas de su partido, cediendo todo el poder a una mujer aborrecida por el tejido del Partido Popular que consiguió lo imposible en nuestra democracia. Que ningún medio de comunicación osara criticarla. Hoy, el PP de Rajoy es más socialdemócrata que el PSOE, y gracias a los manejos de la importante señora, Podemos se ha convertido en la tercera fuerza política de España.

Rajoy llegó con el dedo de Aznar, y hoy Aznar ha renunciado a su presidencia honorífica del PP, en un momento, quizá, inoportuno. Porque la benevolencia del Gobierno con los separatistas catalanes no es de hoy, sino de anteayer, y tiempo y motivos le han sobrado a Aznar para presentar su renuncia. Lo que está claro es que la izquierda radical le sigue odiando, y eso dice mucho en su favor. Y también es cierto que su partido en nada se parece al que él convirtió en el más votado de España. Hasta que llegó la boda y se le disparó el dedito.

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