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22 de mayo de 2019. 23:08h

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Tomás Gómez 22/5/2019

La campaña de las elecciones municipales y autonómicas se está viviendo como si fuera un mero trámite. La sensación que dejó el 28A es la de haberse despejado todas las incógnitas electorales y que la suerte está decidida.

Ningún partido es ajeno a ello, los socialistas exhiben euforia y, en los medios de comunicación, se les reserva el lugar de los medallistas de oro para el 26M. El PP anda noqueado y se aferra a los últimos días que le quedan de gobierno en las instituciones esperando lo imposible y a Vox le han arrebatado buena parte del protagonismo que disfrutó semanas atrás. Si de Rivera dependiese circunscribiría las elecciones a Madrid, su mejor plaza en expectativas.

Saber quién ha ganado las elecciones generales es relativamente sencillo, se mira el número de votos y el número de escaños, si hay discrepancia entre el resultado de lo uno y lo otro, se atiende al número de señorías elegidas.

Sin embargo, saber quién gana las municipales no es tan fácil a no ser que un partido tiña de su color todo el mapa. En 1979 la UCD duplicó en número de concejales al PSOE, pero las grandes ciudades, como Madrid, Barcelona o Valencia, tuvieron alcaldes socialistas y dio sensación de victoria.

En el 2003 el PSOE obtuvo más concejales que el PP, pero los resultados de Ruiz Gallardón y Aguirre en Madrid o de Camps y Barberá en Valencia fueron motivo de fiesta en la calle Génova la noche electoral.

El resultado en Madrid y las grandes ciudades, por tanto, determina la victoria. Por eso, las sedes nacionales de los principales partidos centran sus esfuerzos y su atención en la campaña y en las encuestas de estos grandes núcleos urbanos.

Escudriñando los datos demoscópicos madrileños, todos los analistas ponen el énfasis en dos circunstancias: la caída importante de los populares y la fortaleza de Carmena en la alcaldía.

Siendo ese análisis correcto, siempre según los datos que se publican, no es menos cierto que los socialistas deberían estar preocupados por su resultado en la capital, ya que en el mejor de los casos, la encuesta del CIS, les otorga un estancamiento y en el resto de sondeos perderían algún concejal.

En lo que se refiere a la Comunidad de Madrid, el mejor resultado previsto para el PSOE es quedarse como está. Sin embargo, Podemos, a pesar de su espectacular división y su escisión errejonista, ambas fuerzas alcanzarían, entre 4 y 10 escaños más que en este momento.

Si estos datos se materializasen en las urnas y permitiese gobiernos de izquierda en la Comunidad y en el Ayuntamiento de Madrid, la lectura sería de éxito total. Sin embargo, la mera comparación con el 28A pone de manifiesto un serio problema en el PSOE local.

Pero, si el resultado final no fuese satisfactorio, tampoco habrá tiempo para este análisis, la dirección estará dispuesta a perder su marchamo de exitosa. Esta vez no habrá ninguna destitución en el ayuntamiento, el momento manda.

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