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El conductor suicida

Tiempo de lectura 4 min.

23 de junio de 2017. 03:43h

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Tomás Gómez 23/6/2017

Hace algo menos de tres años, en medio de un verano tan caluroso como este, el Sr. Pedro Sánchez era proclamado secretario general del PSOE en un congreso extraordinario. Gracias a internet es fácil repasar las noticias de entonces y, si como dicen, una imagen vale más que mil palabras, no hay más que fijarse en las fotografías que coparon los informativos en su día.

La disposición de los miembros de una ejecutiva está pensada para los medios de comunicación. La plana mayor es fácilmente identificable. En primer plano, se sientan a ambos lados del líder, flanqueándolo, el presidente, y las principales secretarías de la ejecutiva.

Si ponemos juntas la fotografía del pasado fin de semana con la correspondiente al anterior congreso, el de 2014, comprobamos que ninguna cara se repite. El líder ha creado un nuevo núcleo duro en el que sus miembros son otros distintos, sin excepción.

Si hacemos un análisis más detallado y diseccionamos con bisturí de precisión de neurocirujano los resultados del congreso observamos muchos más datos. Quedan fuera del principal órgano de debate político del PSOE, el comité federal, dirigentes como los tres últimos secretarios de Organización, los Sres. José Blanco, Óscar López o César Luena o la número dos del Sr. Alfredo Pérez Rubalcaba, la Sra. Elena Valenciano.

Quizá el Sr. Pedro Sánchez considera que sobra capital humano y político en el Partido Socialista y que puede prescindir de hombres y mujeres inteligentes y cultivados. Una ausencia clamorosa, en este sentido, es la del Sr. Eduardo Madina, que además obtuvo en su momento el respaldo de miles de militantes.

De la fotografía final del congreso del PSOE se extraen varias conclusiones y, entre ellas, que el Partido Socialista hoy es más pequeño cualitativa y cuantitativamente.

Pero todo es susceptible de empeorar y puede seguir siendo más reducido aún. Si en los congresos regionales se remueven las aguas para debilitar o sustituir a los dirigentes, especialmente a los presidentes autonómicos socialistas, las consecuencias serán dramáticas. Seguramente alguien caerá en la cuenta de que los réditos que ha proporcionado la imagen de víctima podrían tornarse en pérdidas si la imagen fuera la de agresor. Además, un ataque a quien ha conseguido el gobierno en las urnas movilizaría a muchos, dentro y fuera de su territorio.

La segunda reflexión a tener en cuenta es que supone un récord absoluto e inédito en la historia de un partido político la renovación total de todos los equipos de trabajo del mismo dirigente. Menos común es que la mayoría de ellos salgan enfrentados al líder. De todos los rostros que estaban en la fila de honor en el año 2014, ninguno de ellos ha apoyado en las elecciones primarias al Sr. Sánchez, algunos trabajaron a favor del Sr. Patxi López. Otros, de la Sra. Susana Díaz.

Esto sólo tiene una explicación: el Sr. Sánchez presenta un déficit severo a la hora de elegir las personas que le deben acompañar en las tareas de dirección política y, lamentablemente, ha errado con todas y cada una de ellas.

Cuando tomaba café esta mañana con un colega, le esbozaba la idea sobre la que giraría este artículo. Mi interlocutor rehusó darme su opinión sobre lo que le contaba y, a cambio, decidió contarme una especie de chiste sobre un conductor que circulando por una autopista escucha en una emisora de radio que hay un piloto suicida en esa misma carretera. El hombre se alarma porque, según él, no se le ha cruzado un conductor en sentido contrario, lo están haciendo cientos. Finalmente acabó durmiendo en el calabozo por cometer un delito de tráfico.

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