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El Derecho a Equivocarse

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Tiempo de lectura 4 min.

06 de abril de 2018. 12:08h

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Tomás Gómez 6/4/2018

Vivimos en una sociedad en la que el error está penalizado, quizá ahí radique la mala práctica de negar la mayor cuando se ha tomado una decisión errónea. Algunos pensadores, como el filósofo chileno Humberto Maturana, defienden la incorporación a los derechos humanos del Derecho a Equivocarse. Su argumentación se fundamenta en que si uno no tiene derecho a equivocarse, no tiene cómo corregir los errores porque no tiene modo alguno de verlos.

En realidad, del reconocimiento del error se desprende la posibilidad de aprender y no repetirlo y, por tanto, de no culpabilizarse por la falibilidad humana.

Llevado al ámbito de la política, el Derecho a Equivocarse es inherente a los sistemas democráticos. Los sistemas autoritarios no se equivocan, porque para equivocarse uno tiene que aceptar que no es dueño de la verdad, ahí estriba el anclaje filosófico del reconocimiento de este derecho como derecho fundamental.

Los sondeos electorales vuelven a ser protagonistas. Ya se han equivocado en otras ocasiones, pero nos empeñamos en olvidar sus fracasos y, en cada nueva edición, especialistas y profanos que se hacen pasar por expertos, escudriñan los datos dándoles carácter de ley verdadera.

Como nunca han reconocido sus errores, difícilmente hay rectificación. Pero, las encuestas son como los relojes, si tienes solo uno, no tienes duda acerca de la hora del día que es, pero como dispongas de varios y cada uno marque una hora diferente, no tendrás certeza alguna sobre cuál señala correctamente.

Sin embargo, lo que estamos viendo es diferente. En esta ocasión, todos los estudios electorales arrojan la misma fotografía: un ascenso imparable de Ciudadanos, caída del Partido Popular, que le puede llevar a la pérdida de poder, retroceso en Podemos y el Partido Socialista sumido en una seria crisis.

Más allá de lo numérico, que suele ser muy discutible, la sensación que parece haber calado en los creadores de opinión y que, por tanto, se traducirá inexorablemente en opinión pública, es la de un presidente de gobierno agotado que limita las posibilidades electorales del PP, un PSOE desbordado, con un líder que ha dilapidado en pocos meses el impulso que supusieron las elecciones primarias y Podemos como una organización en declive y descomposición.

En ese clima y con la crisis catalana haciendo estragos, no es de extrañar el ascenso meteórico del Sr. Rivera. Pero está por dilucidar si la tendencia se consolidará en las urnas o habrá vuelcos en los próximos meses.

El tiempo dará luz sobre quién ha cometido errores, si se equivocan las encuestas, lo hace el Sr. Rajoy, convirtiéndose en el plusmarquista de la resistencia a los cambios, el Sr. Sánchez, nadando entre la ambigüedad del rechazo al PP y el apoyo al tiempo o quienes les abrieron la puerta del liderazgo a ambos.

En cualquier caso, me sumo a los que reivindican el Derecho a Equivocarse, porque sólo de esa manera se puede rectificar. Es preciso que nos podamos mover en un espacio de respeto colectivo y necesitamos no ser dueños de la verdad, porque solo renunciando a la posesión de la verdad absoluta podremos renunciar al error.

Para no ser dueño de la verdad hemos de poder cambiar de perspectiva, es decir, necesitamos poder cambiar de opinión, esto es lo que no suele ocurrir. Seguramente, los que más se hayan equivocado elaborarán una rotunda explicación que expondrá con precisión el porqué han pasado las cosas.

En ese relato ellos siempre son acreedores de la verdad. En estos casos, no hay tal proceso de aprendizaje ni de cambios. Para eso, para no volver a errar deben actuar otros, si los estatutos no lo impiden, claro.

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