El «glamour» de Álvarez

Las mujeres «jóvenes y con "glamour"» de Zapatero (son las palabras de él mismo para destituir a César Antonio Molina) no podrán quejarse del comportamiento de su jefe. Las dejó bien colocaditas independientemente de los méritos que concurrieran en ellas para ocupar tales cargos, mejor dicho, tamañas bicocas. Ni en sueños podían pensar llegar tan alto. Ahora bien, el caso de Magdalena Álvarez merece capítulo aparte.

Quien fuera ministra de Fomento del peor presidente de la democracia, acumula ya, en lugar de méritos, una imputación por parte de la jueza Alaya en el «caso de los ERE» fraudulentos de su etapa como consejera del Gobierno andaluz. Ahora añade que la Fiscalía investiga una presunta red para inflar los contratos de la obra en el AVE Madrid-Barcelona. ¿Quién era la responsable de velar por la correcta ejecución material y presupuestaria? Maleni, la misma que justificó la actuación del Gobierno tras una nevada: «Si la borrasca cambió de forma impredecible, no la pueden predecir y si no la predicen quienes la tienen que predecir, ¿cómo quieren ustedes que lo vayamos a predecir aquellos que estamos esperando la predicción?» Semejante riqueza oratoria no le invalidó para que ZP la dejara instalada como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones. Para algo le sirvió aquella otra brillantez: «Me cuesta aprenderme las cosas, tengo la cabeza que tengo y las posibilidades que tengo», y su internacional «No voy a asumir los errores del mundo mundial».

Así nos fue y así le irá al BEI si realmente la vicepresidenta cumple el papel que se le supone a un sueldo de 300.000 euros anuales. ¿Alguien cree que piensa en la dimisión? Por bastante menos el PSOE la pide para políticos del PP. Pues hay motivos para que se vaya a casa. Así es la vida.