El lado oscuro

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La desesperación es muy mala consejera, sobre todo cuando la maldad saca provecho de la misma. Las mafias tratan a las personas como si fueran ganado, o algo peor. En la Edad Media no había derechos humanos, sólo algunos que poseían el poder y lo ejercían a discreción en sus semejantes: si el plebeyo no pagaba al señor feudal, era probable que los esbirros de su señor lo matasen a él y a su familia. Una parte del mundo está civilizada, la otra está atrapada en el lado oscuro.

Aunque sea indirectamente, ¿tendrá la culpa el capitalismo? La atracción por una vida mejor: en Occidente hay hospitales, escuelas, democracia... En sus países de origen solo hay, al parecer, mafias (esbirros de los nuevos señores feudales del siglo XXI), que abusan y sacan provecho del hambre en todos sus matices. ¿Qué no haría un ser humano por escapar de la miseria, la guerra, la nada? Cualquier cosa. Al tratar de escapar de la desesperación podemos caer en situaciones, que de no mediar ese factor emocional, el sentido común nos prevendría haciéndonos ver lo «incongruente». La esclavitud del siglo XXI debe su poder al hambre, la guerra, la miseria, la desigualdad social... La metáfora de Caín y Abel sigue estando vigente, pues una parte de la humanidad sigue presa en el lado oscuro. Nos indignamos al ver que han enviado a un niño dentro de una maleta, pero es igual de indigno e inhumano independientemente de la edad, raza, pasaporte o credo de esa persona. Hay una canción titulada «Everything is Beautiful» (Todo es bello) que comienza diciendo: «Jesús ama a todos los niños del mundo, rojos, amarillos, negros, blancos. Todos ellos son preciosos a sus ojos. Todo es bello a su manera, una noche de verano estrellada o un día nevado de invierno...»