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El recuento del 10-N

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09 de septiembre de 2019. 21:27h

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Tomás Gómez 10/9/2019

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Públicamente nadie quiere elecciones, pero todos son responsables de su repetición. El PSOE no ha mostrado en ningún momento una actitud decidida a alcanzar acuerdos, ni con Ciudadanos ni con Podemos.

Pero eso tampoco invalida una obviedad, sin formar parte de un gobierno de coalición, los podemistas estuvieron apoyando a Pedro Sánchez durante un año. En realidad, podría haber sido más tiempo si los independentistas no hubiesen negado su apoyo a la aprobación de los Presupuestos Generales.

La exigencia de carteras ministeriales tiene más que ver con ambiciones personales y necesidades internas de Iglesias, para su propia supervivencia en la organización, que con una posición política de fondo.

También tienen su porcentaje de culpa en una nueva convocatoria electoral el Partido Popular y Ciudadanos. Mariano Rajoy fue investido con la abstención del PSOE que, en un acto de responsabilidad con el Estado, decidió apoyar a la fuerza más votada sin ninguna contraprestación.

Desde el PP se argumenta que Sánchez no votó, incluso dejó su escaño para no obedecer las instrucciones de la dirección socialista y, por tanto, no merece ninguna generosidad. Puede ser difícil ayudar a quién defendió el No es No, pero no deben olvidar que apoyar la investidura de Rajoy era muy complicado para el PSOE, por la gestión de la cuestión catalana, de la corrupción y por los recortes, pero se hizo.

La postura de cerrazón al diálogo con los socialistas de Rivera es la menos entendible de todas, tanto para muchos de sus excolaboradores, para los que están a punto de dejar de serlo y para los electores. Quizá por eso va a ser el primer caído por la gestión del 28A, aunque su declive empezó en el tripartito andaluz y en la foto de Colón.

En principio, y siempre dando por ciertos los sondeos publicados, unos nuevos comicios solo beneficiarían al PSOE, que se consolidaría a la cabeza, produciéndose el desgaste y caída de todos los demás.

Algunos populares creen que a ellos no les iría mal, otros ex dirigentes del PP, con más tablas, olfato y experiencia, lo dudan. También hay división de opiniones en el Partido Socialista entre algunos veteranos dirigentes territoriales que, guiados por su instinto, desconfían de las encuestas y el propio Pedro Sánchez que decidió volver a convocar las urnas la misma noche del 28A.

Lo sorprendente es que a todos parece que les vaya a ir mal en la repetición de elecciones, pero nadie haga nada para evitarlas. Solo se muestra dispuesto Pablo Iglesias a jugar las pocas cartas que tiene, podría terminar apoyando gratis a Sánchez en la investidura para empezar a hundirlo al día siguiente.

El líder socialista ha tomado la medida a sus adversarios y maneja la situación, la Diada y la necesidad de tensión con el Estado que tiene Torra y la mayoría independentista del Parlament, así como la sentencia del “procés”, terminan de dar la coartada perfecta a Sánchez. Otra cosa es, cuando se cuente en las urnas, le haya merecido la pena.

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