El ridículo de «Arturo»

En esta querida nación donde, por desgracia, abundan más de lo deseable la paletería y el aldeanismo, nada hay más paleto y aldeano que los nacionalistas catalanes y vascos. A fuerza de repetirlas durante décadas –con el dinero de todos, eso sí– han terminado por creerse sus mentiras y convertirse en víctimas justas y fáciles de los cazadores de rentas en el exterior. En más de una ocasión he advertido cómo el nacionalismo catalán gastaba cuantiosas cantidades de dinero de todos los españoles para lograr una proyección en el extranjero que no se correspondía al montante de los emolumentos y que sólo servía para que ciertos paniaguados se llenaran los bolsillos y determinados lobbies disfrutaran de un agosto fecundo en euros. El último episodio de este pueblerinismo lamentable ha sido la entrevista a Artur Mas realizada por Christiane Amanpour, una periodista de la CNN. No quiero ni imaginar el caudal que habrá costado al contribuyente español semejante paso, pero el esperpento resultante es más que revelador. No sólo es que la entrevistadora llama varias veces «Arturo» a Mas –quizá porque sabe que así es como le denominaban sus amigos hasta hace cuatro días– sino que además no puede evitar traslucir extrañeza y perplejidad cuando va descubriendo que un cada vez más balbuciente político le dice que la mayoría de los catalanes no quiere la independencia, cuando no le responde sobre las razones para salir de España y cuando afirma, a pesar de todo, que él votará «sí» a la secesión. Paso por alto el inglés de Arturo, perdón Artur, porque algo mejor que el de ZP sí que es, pero la entrevista resulta bochornosa. Al final, el nacionalismo catalán aparece como esa panda que, con los fondos de todos, decidió organizar la charlotada de un referéndum ilegal apelando al sentimiento en su manera más primaria y con la única finalidad de exprimir todavía más si cabe al resto de los españoles. Cuando la propuesta ha sido tomada por lo que dice ser –un paso hacia la independencia– por otro sector del nacionalismo catalán ha quedado al descubierto que Artur va más en pelota que el emperador del cuento. No hay razón para la independencia y además la mayoría de los catalanes no la desea por los perjuicios evidentes que se derivarían de ella. Llegados a ese punto las demandas nacionalistas en el exterior, sólo provocan estupor en la gente con algo de materia gris. ¿Acaso podría de otra manera viendo el ridículo de «Arturo»?