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El voto de Iglesias

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Tiempo de lectura 4 min.

26 de marzo de 2019. 02:32h

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Tomás Gómez 25/3/2019

Pablo Iglesias se ha echado sobre sus espaldas el futuro de Podemos, que vive el peor momento desde su fundación. Es muy difícil devolver la ilusión a los votantes, sobre todo cuando están decepcionados y sumidos en una sensación de desmembración de la organización.

Tampoco está claro que la fórmula de autocrítica y dar bofetadas a los que en otro tiempo compartían escenario y proyecto, sea la más indicada para generar esperanza y confianza. Bien podría decirse que su reaparición es una huída, en la que ha decidido llevarse por delante a todos los que le han traicionado.

Quizá, el ataque más incisivo fue para Manuela Carmena, a quien preguntó en público “a quién va a votar en las elecciones generales”, poniendo la lupa en la lealtad de la alcaldesa.

Hace semanas, en una entrevista en Onda Cero con Carlos Alsina, Carmena dejó bien claro que ella era la muñidora de la operación de Errejón, incluso dio pelos y señales de la cena que celebró en su casa, inicio de la conspiración.

El mensaje era directo para Pablo Iglesias que acusó recibo y, además, sacó otras conclusiones, como que la apuesta de Carmena y Errejón apunta a la política nacional.

Desde su retiro por paternidad, el líder podemista se ha dado cuenta de que su aspecto de malote, su lenguaje desvergonzado, ametrallando palabras y descalificaciones, solo le han servido para acumular enemigos y ser el “tonto útil” de los intereses de otros.

No es Íñigo Errejón, aunque ni él lo sepa, el principal beneficiario de la operación contra Iglesias. Hay que mirar hacia el inquilino del Palacio de Telecomunicaciones. Si algo ha cultivado Carmena es su marca personal de septuagenaria conciliadora, pactista con los intereses de los principales poderes económicos, de imagen afable y bonachona, pero debajo se esconde un depredador político cuya ambición no conoce límites.

Iglesias dijo arrepentirse en su discurso de haber sido “tan generoso” cuando Errejón anunció su marcha y no haber planteado competición electoral con la alcaldesa desde la formación morada. En verdad, su carácter colérico le desenfocó lo que realmente estaba ocurriendo y se enciscó contra su ex número dos.

Sin embargo, un análisis más frío le ha llevado a la conclusión de que su supervivencia política depende de que caiga Manuela Carmena. Sus palabras en el mitin de la plaza del Reina Sofía no solo iban encaminadas a afear a la alcaldesa, sino que fueron toda una amenaza de guerra.

Las elecciones generales son un mes antes que las municipales y autonómicas y lo normal es que Carmena participase en algún acto o hiciese alguna declaración de apoyo a los morados que, por otra parte, la llevaron en volandas hasta la alcaldía, sin embargo, eso a día de hoy tiene pinta de estar descartado.

Lo que se malicia Iglesias es que la alcaldesa no se pronunciará públicamente, pero en privado le socavará. En estas circunstancias, la pregunta que alguien debería formular es, ¿a quién va a votar Pablo Iglesias en las municipales de mayo?

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