En cuarentena

La Razón
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Hace ya cuarenta días que nos levantamos como esos coroneles de artillería que van cambiando el color de las chinchetas del mapa según las tropas en combate van modificando su estrategia. Los últimos movimientos tácticos se han producido en el seno del PSOE, que desde que tiene opciones de gobierno, más que un partido político, parece una escuela de rumba. En mitad del ajetreo que se trae Pedro Sánchez reuniéndose con sus barones a contrarreloj para ganárselos de cara al Comité Federal, aparecen Felipe González en carne mortal y Javier Solana convertido en rumor, abriendo otra brecha a la que se suman los cincuenta militantes con galones y hoja de servicio más que probada que ayer quedaban a comer en un hotel de Madrid para redactar una carta que se leerá ante el sanedrín socialista y que provocará que el músculo maxilar de Sánchez alcance el grosor de una morcilla de Burgos. Ante semejante desmadre de su cuerpo de baile, el secretario general ha hecho lo previsible: mandar a su lugarteniente a distraer al público para que no se dé cuenta de lo que pasa en la pista.

Y ahí ha salido el bueno de Luena intentando convencernos de que la velocidad y el tocino son primos hermanos, que las críticas de González hay que interpretarlas como un aval a las pretensiones de Sánchez, y que los de la carta sólo son un grupito de abuelos cascarrabias con ganas de arañar unos minutos de su antigua gloria.

En el entreacto y entre bambalinas, Rajoy anda como contagiado del virus «Mas» haciendo ofertas irrechazables que son inmediatamente rechazadas, Iglesias practica su soberbia intelectual en Twitter y Rivera se atrinchera esperando ver por dónde van los tiros para tomar posiciones. Y todo esto mientras la legislatura está en cuarentena y los de la tropa de a pie empezamos a notar agujetas de tanto poner y quitar chinchetas.