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Error de párvulo político

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04 de septiembre de 2019. 11:23h

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Tomás Gómez 2/9/2019

Por increíble que pudiera parecer, la propuesta de Pablo Casado, Suma España, iba en serio, por eso no es de extrañar que se haya producido una fractura entre sus dirigentes territoriales.

Sin ningún matiz han apoyado la idea la presidenta de la Comunidad de Madrid y el presidente de la Junta de Andalucía. El resto se ha ido desmarcando, aunque bajo la fórmula de que “eso será bueno para España, pero no para ellos”.

No son solamente algunos dirigentes populares los que critican la propuesta, inmediatamente, se han publicado algunos sondeos que vaticinan mayoría absoluta sumando los diputados de PSOE y Podemos, en caso de repetición electoral, en tanto que los partidos que formarían parte de la coalición de derechas perderían diputados.

Entre los argumentos que barajan, se encuentra, el de que un frente popular de derechas movilizaría a la izquierda social. Es cierto que eso de la “refundición” del centroderecha incorporando a la extrema derecha es una contradicción en sí misma.

Es conocido que Vox se nutrió de las posiciones más escoradas del Partido Popular, junto a algunas dosis de populismo, por eso resulta poco convincente que ahora quieran participar en un proyecto más centrado.

Probablemente Casado ha hecho un mal cálculo. No solo porque Suma España sea otro elemento movilizador, como fue el 28A la posibilidad de que Vox tuviese un buen resultado, sino porque debilita al PP, que ha pasado en tan solo ocho años de tener la mayoría absoluta más grande de su historia a necesitar dos agarraderos a los que asirse para no irse por la borda.

Quien puede recuperar aliento es Rivera. Su negativa a formar parte del Frankenstein de derechas le permite un poco de oxígeno, justo cuando ya no le quedaba un soplo de aire en los pulmones.

Los sondeos también indican que un acuerdo PP-Ciudadanos les haría perder apoyos porque una buena parte tendría a Vox como destinatario. Si, por el contrario, PP y Vox pactasen, Rivera sería acreedor de un carril de doble ancho en el centroderecha.

Un efecto perverso de estas propuestas es que, a veces, generan el mismo efecto tanto si se llevan a cabo, como si no, es decir, que Pablo Casado ha consolidado esa imagen tan ultraconservadora que no le ha servido para retener a ningún apoyo a Vox, pero si para que los votantes de izquierda encuentren más incentivos para ir a votar.

Pedro Sánchez diseñó una operación con muchos riesgos. Podía desgastarle la idea de que nos llevaba a nuevas elecciones por intereses partidistas, que volvía a entenderse con los independentistas o, por el contrario, que era incapaz de alcanzar acuerdos con otras fuerzas políticas, pero la torpeza de Casado, que solo tenía que esperar sentado a que fuesen pasando vencidos sus enemigos y la estrategia naif de Pablo Iglesias, le han hecho acreedor de una posición privilegiada.

Todavía falta mucho y los líderes nos tienen acostumbrados a errores de primero de párvulo, pero con las cartas repartidas, Sánchez está tardando en convocar nuevas elecciones.

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