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España necesita estabilidad

  • España necesita estabilidad

Tiempo de lectura 4 min.

18 de febrero de 2015. 15:26h

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Francisco Marhuenda 15/2/2015

La izquierda radical, como Podemos o Izquierda Unida, pone siempre en cuestión lo que denomina despectivamente «el sistema», que quiere sustituir por otro «sistema» basado en el dirigismo y la ingeniería social, la planificación económica y el autoritarismo disfrazado de términos como democracia directa, apoderamiento y participación de la sociedad en la política. La realidad estamos ante el viejo comunismo reciclado que durante el siglo XX cosechó fracaso tras fracaso en todos los países en los que desgraciadamente consiguió el poder. No es una casualidad que las fronteras en los países comunistas estaban siempre para impedir que sus ciudadanos huyeran del «paraíso» y la «utopía» comunista. Nadie huía de las democracias occidentales en dirección a las dictaduras comunistas. Es una reflexión que siempre me venía a la cabeza cuando los «camaradas» comunistas vendían en la Universidad las bondades de su ideología.

Podemos es un retorno de los viejos comunistas disfrazados de buen rollo y propuestas utópicas. Es lo mismo que hicieron desde el siglo XIX hasta nuestros días. Tanto en Hispanoamérica como en España se han adaptado a los nuevos tiempos, pero son planteamientos que han sido un horror en todos los países donde se hicieron con el poder. En nuestro caso está aderezado con la influencia del chavismo venezolano, una concepción ideológica que admira Willy Toledo, uno de los voceros del comandante golpista Hugo Chávez que es un actor mediocre de escasa altura intelectual y formación. El populismo siempre es un riesgo para la democracia, porque ofrece respuestas simples e inconsistentes aunque sean muy efectivas en el terreno de la propaganda.

España no es Bolivia, Grecia, Ecuador o Venezuela, sino una de las naciones y sociedades más avanzadas del mundo en todos los terrenos gracias, precisamente, al sistema. La estabilidad ha sido, sin lugar a dudas, el valor principal que ha permitido el enorme avance que ha vivido España en las últimas décadas. No somos un país intervenido porque los españoles depositaron su confianza en Rajoy y le dieron la mayoría absoluta. El presidente del Gobierno lo ha hecho muy bien, con sus errores por supuesto, porque ha sido capaz de mantenerse firme y no pedir el rescate en 2012. La estabilidad de la mayoría absoluta le permitió emprender una valiente y audaz política de reformas que ha dado muy buenos resultados, aunque la sociedad española todavía no lo perciba. Es algo normal y que sucede siempre que se sale de una crisis tan grave y larga como la que hemos sufrido.

Las crisis económicas son el terreno abonado por los demagogos populistas como los líderes de Podemos. Estamos ante una opción rupturista que nos conduciría al desastre. No hay más que ver lo que está sucediendo y puede suceder en Grecia con la victoria de su partido «hermano». Con la ayuda de una izquierda desorientada e impulsada por el odio al centroderecha han conseguido convertirse en un referente político. Podemos y sus líderes intentan mostrar una imagen más amable y unos planteamientos más moderados, como hacen siempre los populistas antes de llegar al poder. El sistema político vigente es para ellos instrumental, porque buscan la ruptura. No estamos ante el PSOE de los setenta, sino que es el comunismo puro y duro que busca el asalto al poder para imponer un experimento de laboratorio basado en el control de los medios de producción y una economía planificada, la apertura de un proceso constituyente obviando las previsiones de la Constitución de 1978 y la expulsión del centroderecha pero también de lo que representa el PSOE. Por supuesto, uno de sus objetivos es imponer la República. Se equivocan los que buscan moderación en Podemos o se quieren engañar pensando que son planteamientos coyunturales porque se acabarán centrando.

España necesita estabilidad si quiere mantenerse en la senda del crecimiento económico, que es la única posibilidad que tenemos para recuperar el empleo perdido y seguir avanzando en el desarrollo del Estado del Bienestar. La Constitución de 1978 ha permitido consagrar una sociedad abierta, moderna e igualitaria donde se han conseguido unos avances extraordinarios en todos los terrenos. La ruptura del sistema nos conduciría a una situación como la que vive Grecia, Venezuela o Argentina. La economía planificada es un desastre sin matices porque es tan injusta como ineficaz. La historia nos demuestra que tanto el proteccionismo como las teorías económicas marxistas son un fracaso. España no puede aislarse y necesita un modelo basado en la estabilidad y la democracia sin adjetivos populistas. Estoy convencido de que Podemos, expresión del fracaso del PSOE e IU, no conseguirá sus objetivos. Tiene un techo muy claro, porque sus dirigentes manejan bien la propaganda pero desconocen la realidad. Han confundido sus deseos con la realidad.

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