Exclusiones y desautorizaciones

La ambición por ganar, en ocasiones, hace que las personas cometan errores que les lastran por mucho tiempo. En principio, las primarias del PSOE no pintaban bien para quien, finalmente, fue su ganador.

Tras haber tenido que dimitir después de que el anterior comité federal le retirase su confianza, de abandonar su acta, por consejo de los entonces más allegados, y de realizar, pocos días después, una entrevista nada afortunada en el programa de Jordi Évole, la mayor parte de diputados y dirigentes que le apoyaban, dieron la espalda al Sr. Pedro Sánchez.

El Sr. Patxi López se apresuró a presentar su candidatura, intentando aglutinar a todos los que habían estado al lado del secretario general que vio cómo uno a uno todos le iban abandonando para ponerse del lado del ex lendakari, el Sr. César Luena, la secretaría general de Madrid, la presidenta de Baleares y colaboradores íntimos, como el Sr. Rafael Simancas, son ejemplos palmarios. Además, no sólo le traicionaron, sino que, tanto a través de medios de comunicación, como en privado, le instaron a retirarse para no fraccionar el voto frente a la candidatura de la Sra. Susana Díaz.

En esas circunstancias, el Sr. Sánchez necesitaba todos los apoyos posibles, requería una estructura territorial orgánica, distinta de las direcciones territoriales que habían optado, en su inmensa mayoría, por uno de los otros candidatos y, también, un relato político dirigido a los militantes.

Su aparato territorial paralelo lo configuró rápidamente con dirigentes de segundo o tercer nivel que, por regla general, mantenían posiciones discrepantes con la dirección regional de turno y, como la situación inicial era muy adversa y todos los apoyos eran pocos, decidió coquetear hasta con las posiciones más nacionalistas.

Solamente esto explica la ambigüedad respecto al problema catalán, el viraje desde el mitin del circo Price con una enorme bandera de España como telón de fondo, algo inédito en la historia del PSOE, hasta el discurso de la plurinacionalidad, que no ha hecho sino agregar confusión a todo esto.

Por último, la dirección nacional se ha configurado con el criterio de confianza política, que traducido al lenguaje bélico de los partidos políticos significa que sólo formarán parte de ella los que hayan apoyado al líder.

La consecuencia es evidente, no sólo se rechaza el trabajo de la mitad de la organización, sino que se incorpora a personas cuyas posiciones políticas son muy minoritarias en el Partido Socialista, como la Sra. Nùria Parlón.

Cuando la catalana manifestó que el PSOE apelaría, incluso a la comunidad internacional, «para que no haya una suspensión de la autonomía de Cataluña», estaba proponiendo que los socialistas nos desmarquemos de la Ley y de la Constitución para permitir una ilegalidad, como es, por ejemplo, la consulta soberanista. Ése no es el proyecto del Partido Socialista, o al menos, no lo ha sido desde su fundación hasta nuestros días.

La Sra. Parlón no era consciente de la polémica que se iba a generar, porque siempre ha defendido lo mismo, la diferencia es, que en esta ocasión, es dirigente federal del PSOE. La alcaldesa de Santa Coloma ahora siente más legitimidad interna de sus ideas, tanto por el cambio de discurso del líder, como por la confianza que se ha depositado en ella.

El problema lo tiene el PSOE, porque algunos alcaldes catalanes, concretamente los que lidera la Sra. Parlón, están eufóricos abrazando algunas posiciones inasumibles respecto a la consulta.

Configurar una dirección sólo con los que te han apoyado puede dar lugar a confundir la recompensa por el servicio prestado con ceder algunos mandos de la nave a quien quiere pilotar en otra dirección y, además, entre excluidos y desautorizados, va a quedar todo muy estrecho.