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Hipérbole de un derbi

La Razón
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Hay ganas de revancha en el Atlético, no por el «asunto Theo» sino por la sonrojante derrota del último derbi en el Calderón: 0-3, goles de Cristiano –uno de falta, otro de penalti y el último en un contragolpe– en un día que la afición local presumía festivo y terminó como un funeral. Por eso, que el Madrid haya negociado con un jugador con contrato en vigor hasta 2021 sin que lo supiera su club adquiere una importancia relativa, cuya trascendencia penal determinará la FIFA si hubiera «caso». Además, como las partes implicadas o callan o niegan no habrá manera de averiguar si la noticia es fidedigna hasta que el muchacho pague en la sede de LaLiga los 24 millones de cláusula, más IVA, y el taxista baje la bandera en el Santiago Bernabéu.

Estamos, pues, frente a la hipérbole del derbi español por antonomasia. No precisa un partido de estas características emocionales más aliños que los indispensables: campo y balón. Todo lo demás es ruido que en el instante en que empieza a rodar la pelota desaparece. Simeone no va a arengar a sus jugadores con esa supuesta afrenta del todopoderoso que puede comprar cuanto se le antoje. El punto de partida de la «Cholina» data del 19 de noviembre de 2016: regreso al vestuario de un equipo goleado, humillado por el eterno rival, que no hay afrenta peor. Rostros desencajados, ojos enrojecidos, mandíbulas apretadas... Las caras de la derrota permanecen ancladas en el obituario hasta que el tiempo brinda la oportunidad de una resurrección y si es así las libera. Para vengarse, el Cholo apelará al lacerante «hat trick» de Cristiano o a la imagen de este triunfador mostrando el torso en Lisboa tras marcar un penalti inane. La de Theo es otra historia.