La abuelita de Caperucita Roja

Manuela Carmena ha cuidado, todo lo que ha podido, su imagen desde que llegó a la alcaldía de Madrid. Para ello, ha aprovechado todo lo que tenía a su alcance, su profesión de jueza, ha mantenido una distancia calculada con las organizaciones políticas y ha tenido una presencia escasa en los medios de comunicación.

Después de unos inicios un tanto accidentados con la prensa, la Sra. Carmena ha medido con cuentagotas las entrevistas que ha concedido, desde la convicción que tienen algunos políticos, que prefieren ser vistos como jueces o catedráticos, de que la presencia informativa, a medio plazo, les deteriora la imagen.

Pero, la alcaldesa, de manera sorpresiva concedió una entrevista a Carlos Alsina en Onda Cero esta misma semana. En realidad, la elección del momento es muy oportuna, en plena crisis de Podemos y la dimisión como diputado a Cortes de Iñigo Errejón.

La intervención de Manuela Carmena en el programa no tiene desperdicio, esforzándose por proyectar una imagen conciliadora, sosegada, experimentada e incluso maternal en ocasiones, ha disparado plomo contra Pablo Iglesias, dejándole claras algunas cosas.

El primer mensaje para el líder podemista es que en la traición de Errejón ella dio el primer paso, organizando una cena en su casa, es decir, que el enemigo de Iglesias es ella. Las diferencias han sido muchas y grandes durante estos cuatro años y la amable septuagenaria ha devuelto el pago en un solo plazo, indicando claramente quién es el remitente.

En segundo lugar, para mayor regocijo suyo, le aclara que no se trata de una improvisación y que llevan tiempo fraguando la operación. Esta información se la lanza con ternura y naturalidad, contando una anécdota propia de los antihéroes: la cena fue el día que se torció el tobillo, ahora que el líder morado cuente las semanas.

En tercer lugar, con un solo balazo se aleja de Podemos y marca cierta antipatía por Pablo Iglesias, confesando que prácticamente no había tenido contacto con Iglesias durante estos años porque “ella no es de Podemos” y, por tanto, no había razón alguna para encontrarse.

Para rematar esta idea aclara que no tiene ninguna intención de contar con Julio Rodríguez. Le faltó aclarar que la razón estriba en que, a diferencia del año 2015, en este momento, la marca Podemos le perjudica electoralmente.

En realidad, debajo de la frágil alcaldesa accidentada acompañando a los Reyes Magos de Oriente, que pudieron ver todos los padres y madres madrileños en la pasada cabalgata de reyes, se esconde un auténtico animal político con un desarrollado instinto de supervivencia.

Desde el día que generó la duda sobre si se presentaría o no a las siguientes elecciones municipales, han cambiado mucho las cosas. La colaboración inestimable del PSOE, ofreciéndole la candidatura a la alcaldía bajo las siglas socialistas, la hizo reconocible como inmejorable ante la opinión pública de izquierdas, al tiempo que lastró las expectativas de cualquier candidato que elijan los socialistas.

A partir de ahí y de su rechazo a los partidos políticos, Carmena entendió que la organización morada se encuentra en horas bajas y que ella misma ha generado una marca más potente. Ahora quiere los votos de Podemos, pero sin Podemos. Pero, para no pelear en solitario, necesita un compañero en el lado regional, y qué mejor que Errejón, la víctima pública de Iglesias y del “estalinismo morado”.

Pero no se fíen de las apariencias y recuerden “Caperucita Roja”, el universal cuento de Perrault, que para algo nos lo leen a todos cuando somos niños, el episodio en el que el lobo feroz engaña a la inocente niña, disfrazado de abuelita.