La democracia es fuerte

Los españoles vivimos una nueva y fantástica experiencia. Estamos comprobando que nuestra democracia es sólida, se encuentra estabilizada, perfectamente cimentada, consolidada, por más que algunos pretendan lo contrario. Conforme se acerca el día de la proclamación de Felipe VI, van apagándose las voces surgidas a partir de la abdicación del Rey Juan Carlos I, aquellas voces que intentaban anunciar revueltos presagios. El sentimiento de la inmensa mayoría se ha impuesto y quienes intentaron voltear el sistema han sido condenados al fracaso. Los representantes del pueblo hablaron en el Congreso y en el Senado y expresaron la voluntad de casi todos. Una circunstancia que, en democracia, es determinante.

El hasta mañana Príncipe de Asturias tiene ante sí un gran reto, de especial trascendencia, en un momento particularmente delicado. Dicen que la Historia se repite y quizá sea verdad. El periodo actual, en el sentido de la trascendencia, presenta similitudes al de la segunda mitad de los setenta, al de la Transición. Su padre supo conducir la nave al éxito. Para ello contó con la colaboración de todos. Los políticos, los sindicatos, las patronales, incluso los ex franquistas, en definitiva, los españoles, constituyeron el soporte esencial para la culminación de la obra, para alcanzar la gloria. Quienes vivimos aquella maravillosa época, con tristezas y alegrías, comprobamos cómo cada cual se dejó algún jirón de sí mismo para lograr el acuerdo.

Estoy convencido de que el nuevo Rey surcará con maestría nuestros tempestuosos mares hasta llegar a la calma. La crisis, las movidas territoriales, nuestros problemas y demás circunstancias que adornan el escenario nacional se transformarán en recuerdos, serán simplemente pasado. Así lo queremos y así será. Estoy seguro. Así es la vida.